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Cambio de escenario

La demanda de productos pesqueros sostenibles por las cadenas de distribución estadounidenses cambia el panorama para los exportadores de los países en desarrollo

Cathy Roheim

03 / 2010

Cuando la cadena de supermercados estadounidense Wal-Mart anunció en 2006 que para el año 2011 planeaba abastecerse exclusivamente de pescado fresco y congelado certificado por el Consejo de Manejo Marino (MSC en sus siglas inglesas), las reacciones fueron muy variadas. Algunos se preguntaban qué motivos podían inducir a la empresa a tomar semejante decisión, ya que a simple vista no parece que el consumidor medio que recurre a Wal-Mart esté muy dispuesto a pagar un precio más alto por un sello de sostenibilidad. Tratándose además de la mayor cadena de distribución del mundo, con ingresos globales superiores a 404.000 millones de dólares en 2009, cabe preguntarse si Wal-Mart podrá cumplir con su promesa y, en caso de cumplirla, cómo afectaría esto a las pesquerías que le suministran productos. Por último, quedaría por ver si otras cadenas de distribución estadounidenses seguirían el ejemplo marcado.

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Éste no es sino un ejemplo de cómo está cambiando el panorama de la distribución de productos pesqueros de los Estados Unidos desde hace pocos años. Si bien es cierto que no todos los supermercados del país han seguido el camino abierto por Wal-Mart abasteciéndose al cien por cien de pesquerías con certificado del MSC, sí que lo es que una fracción cada vez mayor del mercado que vende directamente al consumidor (cadenas de supermercados, de restaurantes y de servicios alimentarios, así como pescaderías y restaurantes independientes, que no pertenecen a ninguna cadena) han establecido estrategias de suministros que integran criterios obligatorios de sostenibilidad. El resto de la cadena de abastecimiento se ve empujada a seguir la corriente y modificar a su vez sus políticas de compra a los mayoristas nacionales y extranjeros. En otras palabras, una proporción creciente de sus suministros de productos pesqueros, ya sean de captura o de acuicultura, proceden de fuentes acreditadas como sostenibles por una etiqueta ecológica (certificación por agentes terceros) o por iniciativas similares, como las guías de consumo responsable publicadas por los acuarios.

Este artículo presenta de forma sucinta el panorama del mercado estadounidense para los productos pesqueros sostenibles, los motivos que empujan a los supermercados a desarrollar estas estrategias de abastecimiento y su repercusión en los suministradores de países en desarrollo. Actualmente en los Estados Unidos existen dos regímenes principales de ecoetiquetado que abastecen de productos certificados a las grandes cadenas, uno para la pesca de captura y otro para la acuicultura. El programa de etiquetado ecológico internacional más ampliamente difundido para el sector de captura es el del MSC, que certifica las pesquerías de captura en función de su impacto medioambiental y de la gestión de la población en cuestión.

Los productos certificados por el MSC se venden en las cadenas de distribución estadounidenses, si bien no siempre con el logo del MSC. Los productos con etiqueta MSC se encuentran en numerosos supermercados, aunque el reconocimiento de la marca por los consumidores permanece a niveles bajos. En lo que respecta a la acuicultura, la Alianza Mundial de Acuicultura (GAA), junto con sus socios del Consejo de Certificación de la Acuicultura (ACC) cuenta con un protocolo para certificar la producción acuícola de camarón, bagre de canal y tilapia según normas de buenas prácticas de producción acuícola (BPPA) y prepara protocolos similares para otras especies. Darden Restaurants, la empresa matriz de la cadena de restaurantes Red Lobster, apoya enérgicamente a la GAA. El camarón de piscifactoría con etiqueta ACC puede encontrarse en varias cadenas de supermercados, como Wal-Mart y Target.

Todavía abundan los productos de la pesca de captura o de la acuicultura sin acreditación y el proceso de certificación todavía levanta mucha polémica. Por estos motivos, el sector de la distribución ha desarrollado, además del ecoetiquetado, otros medios para determinar la sostenibilidad de sus productos, que consisten en las recomendaciones de consumo responsable elaboradas por grupos ecologistas como el Instituto Blue Ocean o por entidades como los acuarios. Estos programas han surgido hace unos diez años con el objetivo de recomendar al consumidor y a las empresas qué productos pueden comprar y cuáles no, en función de una serie de criterios medioambientales.

Sus recomendaciones suelen articularse en categorías como “la mejor elección”, “segunda opción” o “¡no la consumas!”, generalmente combinadas con un código de colores de semáforo que determina listas de productos “verdes”, “ámbar” o “rojos”. Las guías de consumo se presentan en formato de tabla para llevar en la cartera, de listas en Internet o de listines de productos pesqueros recomendados. El programa Seafood Watch del Acuario de la Bahía de Monterrey (ABM) en Monterrey, California, es probablemente el más prolífico y exitoso de todos ellos y actualmente asesora a grandes cadenas de servicios alimentarios como Compass Group y Aramark en sus políticas de abastecimiento.

Las recomendaciones de entidades como el ABM suelen avalar productos con certificación MSC, si bien recientemente cambió su clasificación del abadejo de Alaska con etiqueta MSC de “mejor elección” (lista verde) a “segunda opción” (lista ámbar) por las dudas que plantea la pesca con arrastre de fondo. Productos como el camarón silvestre o cultivado, a pesar de contar con la certificación de la GAA permanecen en la categoría a evitar (lista roja). Algunas empresas como Compass Group declaran haber reducido sus compras de camarón de acuicultura con base en estas recomendaciones. Por demás, el Compass Group anunció recientemente que pasaría a comprar el camarón de acuicultura a Contessa Premium Foods, que cuenta con el visto bueno del ABM.

Programa de certificación

Queda por ver si el panorama volverá a cambiar cuando el Consejo para la Certificación de la Acuicultura (ASC, no confundir con el ACC mencionado previamente) empiece a desplegar su programa de certificación y ecoetiquetado para el camarón y otras especies de la acuicultura. El programa del ASC se basará en protocolos establecidos para varias especies después de una intensa negociación con el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), que tiene un gran interés en el tema.

Después de haber visto la importancia del ecoetiquetado y las guías de consumo responsable de productos pesqueros en las políticas de abastecimiento del sector de distribución alimentaria en los Estados Unidos, cabe preguntarse qué motivos han llevado al sector a adoptarlas. Por ejemplo, por qué Wal-Mart se ha comprometido a comprar la totalidad de sus suministros de pescado de captura, fresco o congelado, a pesquerías con certificación MSC en 2011. ¿Se trata de la presión ejercida por los grupos ecologistas, o es que los consumidores exigen pescado sostenible? La respuesta es más compleja de lo que parece. En el momento actual se trata más de una forma de responsabilidad social de la empresa (RSE) que de una demanda por parte de los compradores. Las empresas quieren proteger su imagen de marca y hacer las cosas como es debido. Colaborar con los grupos ecologistas es una manera de evitar los riesgos asociados a una mala imagen. Pero la RSE contiene igualmente factores puramente económicos. Un sondeo que hemos realizado recientemente entre cadenas de supermercados, restaurantes, operadores de servicios alimentarios y distribuidores alimentarios desvela algunos de ellos. En primer lugar, promover la pesca sostenible resulta necesario para evitar perder fuentes de abastecimiento por culpa del deterioro de los recursos, con los costes que entraña. La trazabilidad garantizada por la certificación de la cadena de custodia permite a las empresas asegurarse de que no compran pescado capturado de forma ilegal. En el actual clima económico, la mayor parte de las compañías afirman que aplicar estas medidas les cuesta caro y que no cuentan con poder cargar los costes adicionales sobre el consumidor a corto plazo. Sin embargo, aun reconociendo que la sostenibilidad no es gratuita, esperan poder repercutirlos sobre el consumidor en el futuro, una vez que la situación económica mejore.

Surgen de esta forma motivos de preocupación para los países en desarrollo que exportan a los EE.UU. Los Estados Unidos importan más del 80% de los productos pesqueros que consumen y una importante fracción de esas importaciones tiene su origen en países en desarrollo. Las importaciones proceden de numerosos países, y entre los diez primeros figuran China, Tailandia, Indonesia, Vietnam, Ecuador y la India. El caso de China es especial porque algunos países desarrollados como Estados Unidos, Noruega y Rusia exportan a este país una cantidad considerable de pescado para su transformación y reexportación. Es cierto que existe una tendencia hacia la producción sostenible, pero también lo es que no todo el mercado estadounidense se muestra interesado por seguirla. Sin embargo, si las políticas de abastecimiento sostenible se convierten en moneda corriente en el mercado norteamericano y si la definición de “sostenible” viene dada por los programas de certificación y por los grupos ecologistas, resulta fundamental saber si la producción de los países en desarrollo satisface los criterios de sostenibilidad. En caso contrario, puede suponer una barrera a su acceso a los mercados e incidir en la seguridad alimentaria de los países que dependen del comercio internacional de productos pesqueros para sobrevivir.

La calificación de “sostenible” varía dependiendo del sistema que siga cada uno, ya sean las guías de consumo responsable del MBA, o las directrices del MSC, la AGG, el ACC o de otras entidades. Las guías de consumo, por ejemplo, por mucho que estén publicadas en internet, no se elaboran mediante un proceso participativo ni son evaluadas de forma transparente, abierta ni participativa. Cada guía sigue además sus propios criterios, que no coinciden necesariamente con los de las otras.

Evaluación

Por añadidura, los países en desarrollo se encuentran en una situación desfavorable por dos motivos al menos. En primer lugar, en muchas pesquerías de países en desarrollo resulta difícil y oneroso compilar y mantener estadísticas, lo que dificulta presentar el expediente que exigen los regímenes de certificación o las entidades como el MBA. Por eso resulta poco probable que los productos pesqueros de estos países aparezcan en las listas “verdes” o “ámbar” o reciban una certificación. En segundo lugar surge el problema de la lista “roja”, la de productos a evitar. Cuando un producto de un país en desarrollo se incluye en una lista roja, en general los productores de esos países cuentan con escaso presupuesto para montar una campaña de publicidad en defensa de su producto aunque consideren que esa inclusión sea el fruto de un error.

Los regímenes de ecoetiquetado abordan ambos problemas para los países en desarrollo mejor que el enfoque de guías de consumo. Por ejemplo, el MSC ha lanzado unas Directrices para la evaluación de proyectos pesqueros de pequeña escala cuando faltan los datos objetivos, para que los expertos y representantes de países en desarrollo que no han “occidentalizado” o “institucionalizado” sus programas de recogida de datos, investigación o gestión puedan cumplir los criterios de sostenibilidad sin comprometer la calidad de las normas del MSC. El número de pesquerías de países en desarrollo con certificación ha aumentado. La certificación de la acuicultura permitirá un mayor progreso en este subsector ya que una gran proporción de la producción acuícola se realiza en los países en desarrollo.

Los sistemas de ecoetiquetado premian a los productores que aplican prácticas sostenibles, tanto en la captura como en la acuicultura, mientras que los sistemas de guías realizan recomendaciones muy generales contra pesquerías enteras según el país de origen, la zona de captura, el arte y la especie. El ecoetiquetado permite al consumidor reconocer fácilmente, por ejemplo, camarón de explotaciones responsables o el atún capturado con caña, al contrario que las normas de etiquetado obligatorio o que las guías de consumo responsable de productos pesqueros.

Por último, la competencia entre programas de certificación tanto en el subsector de captura como en el de acuicultura puede provocar una multiplicidad de etiquetas ecológicas para los productos pesqueros en el mercado estadounidense. En las pesquerías de captura el régimen del MSC es el que tiene mayor alcance y reputación, pero existen otros, como el de Friend of the Sea o el de Naturland. En el subsector acuícola, pronto empezarán a rivalizar la AGG y el ASC.

Entran en juego así factores adicionales. En la esfera del comercio internacional los exportadores, sobre todo los de países en desarrollo, no quieren tener que cumplir múltiples requisitos para responder a los múltiples criterios exigidos por múltiples organizaciones de certificación y conseguir así múltiples marchamos de calidad. Los costes adicionales del proceso serían elevadísimos, amén de la posible confusión del consumidor ante la profusión de etiquetas.

No queremos hacer pensar que los cambios en el panorama de la distribución de los productos pesqueros hacia la producción sostenible representan únicamente problemas para los países en desarrollo. Merece la pena concluir con una nota más positiva. Varias empresas de los Estados Unidos de otros países reconocen que su supervivencia en el sector depende de la supervivencia del recurso. Las iniciativas privadas sufragadas por las empresas suponen una inversión en la sostenibilidad de las fuentes de suministro. De esta manera se han canalizado inversiones hacia las comunidades, las tecnologías de captura, la recogida de datos y otras iniciativas pesqueras para fomentar la sostenibilidad del sector pesquero en los países en desarrollo. Estas iniciativas, combinadas con otras más tradicionales, como las ayudas para perfeccionar la ordenación sostenible de los recursos, permitirán mejorar la base de recursos y los mercados globales. Aunque estos esfuerzos se encuentran todavía en fase embrionaria, deben alentarse como un paso por el buen camino.

Key words

fishing business, fair trade, ethical label, aquafarming


, United states

file

Fishworkers’ Challenges and Initiatives in the World. Selections from ICSF publications ‘Samudra Report’ and ‘Yemaya’

Notes

Este articulo se puede leer en inglés y francés.

Source

Más información

seagrant.gso.uri.edu/sustainable_seafood/index.html

Iniciativa de la Universidad de Rhode Island por la sostenibilidad de los productos pesqueros

www.montereybayaquarium.org/cr/seafoodwatch.aspx

Programa de seguimiento de productos pesqueros del Acuario de la Bahía de Monterrey

www.gaalliance.org

Alianza Global de Acuicultura

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