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Entre lo sagrado y lo profano: un mercado de brujos en la ciudad de México

La presencia de la magia y el paganismo en el México de hoy

Yenisey RODRÍGUEZ CABRERA

07 / 2005

Históricamente, los mercados han sido sitios de intercambio de bienes y servicios así como de experiencias personales que contribuyen a construir una identidad cultural. Sin embargo, hay distintas clases de mercados. Mientras la mayoría cubre las necesidades del cuerpo, las del orden más profano como comer y vestirse, hay uno muy especial en la Ciudad de México donde las mercaderías ofrecidas atienden más a las necesidades del alma y cuerpo enfermos y se sustentan menos en la ciencia que en la magia, con la cual se puede cambiar la realidad de acuerdo a nuestros deseos y a la ayuda de entidades divinas. Este peculiar centro comercial se denomina “Mercado de Sonora”.

Conocido desde sus inicios como el « mercado de los brujos y/o de los animales », al Mercado de Sonora se llega por la calle Roldán, donde otrora llegaba el Canal de la Viga con las mercaderías y los productos que se traían a la Plaza de la Merced, una de las más importantes del México prehispánico. El mercado se ubica en la colonia Merced Balbuena, en la Av. Fray Servando Teresa de Mier, cerca de la vieja estación de bomberos ahora rodeada de ejes viales, Así, enclavado en el denominado « primer plano » de la ciudad, el « Sonora », como se le dice coloquialmente, ve por primera vez la luz el 23 de septiembre de 1957. Inicialmente denominado « Merced Baños » debido a que en sus comienzos contenía instalaciones de W.C. y duchas al servicio de los comerciantes de la zona y formaba parte del complejo de comercio popular de la « Merced », el « Sonora » toma ese nombre por la cercanía que guardaba con el cine « Sonora », hoy extinto y convertido en tienda de autoservicio.

El « Sonora » cuenta en su interior con 404 locales extendidos a lo largo de 10,262 m² donde se vende todo tipo de cosas imposibles de hallar en otro mercado. En la primera nave se pueden encontrar artículos de cerámica, como la loza de Talavera, platos para comida típica mexicana como el pozole, jarros de barro, platones para los postres tradicionales y tazas para el chocolate. También hay productos artesanales, decorativos, así como juguetes del México del pasado como trompos, juegos de té para las niñas, carritos y camiones de madera, juegos de matatena, baleros, canicas de vidrio y muñecas de trapo. No le faltan las mercancías de temporada y para cualquier evento social (bodas, cumpleaños, etc.) y, tal como se acostumbraba en los mercados prehispánicos, posee una sección fija de animales vivos exóticos, que van desde tucanes hasta sapos para múltiples hechizos, y accesorios para mascotas.

Pero es la segunda nave la que llamará más la atención del visitante del “Sonora”, pues en ella se encuentran a la venta imágenes de santos, pócimas infalibles para hacer realidad los más íntimos y oscuros deseos y también hierbas y plantas medicinales para curar cualquier mal. En los hechos, más que por el rescate de mercancías tradicionales como las arriba mencionadas, el Mercado de Sonora es ampliamente conocido por los trabajos de los hechiceros o chamanes que ahí despachan. No es extraño encontrar al paso artículos varios que nunca se creyó que existieran: polvos mágicos que vienen desde Cuba y Venezuela; manteca de cacao para limpiar el aura; la muy famosa Cédula de San Ignacio para alejar las malas vibras de la casa y negocio; ordenadores fetiche para evitar los virus en el computador de verdad; polvos del odio, una fórmula con el poder para alejar y separar a las personas; poderoso polvo del destierro; polvos quita-maldición para preparar un baño de plantas aromáticas contra conjuros; baño de hierbas denominados “de rompe zaragüey” contra envidias y la mala suerte deseada por otros; baño de hierbas amansa-guapos elaborada con flores y plantas mágicas que atraen amor y afecto a nuestras vidas; polvo original del Corderito Manso, para “amansar a las personas que le hacen daño a usted y a su familia”, etc.

Pero eso no es todo: existen puestos que aunque expenden algunas plantas, su giro más importante son los amuletos: las herraduras para proteger las casas además de las velas y veladoras de todos colores para trabajos específicos: verdes, para trabajos de sanación; azules, para fines académicos; rojas, para cuestiones del corazón; blancas, para deseos muy sublimes; amarillas para atraer el dinero; y negras, para pedir favores al maligno. Venden también polvo de oro, sal negra y de otros colores; agua de San Ignacio para deshacerse de las personas indeseables, lociones de fuertes aromas y jabones para reforzar el efecto, sobre todo usados para «conseguir novio» o para que la pareja nos ame eternamente. Pero, sin lugar a dudas, la efigie-amuleto de mayor popularidad en los últimos meses, que ha desplazado incluso a la figura de la Virgen de Guadalupe, la madre de todos los mexicanos, y al retrato del respetadísimo San Judas Tadeo, el famoso “San Juditas”, es la de la Santa Muerte. A esta imagen se encomiendan, a decir de los locatarios, las personas que se dedican a actividades peligrosas, como los policías; a actividades criminales, como ladrones, secuestradores o, narcotraficantes, etc; a la “vida alegre”, como las sexoservidoras y los proxenetas, mejor conocidos en el argot citadino como “padrotes”. En conclusión: siguen a la Santa Muerte todos los que, por sus acciones, no encuentran cabida a plenitud en la religión católica tradicional.

Quizá tan importantes como los objetos en sí, son las recetas que los vendedores y brujos proporcionan según sea el caso y ajustándose a las necesidades del cliente. Entre los más visitados y recomendados encontramos a la “botánica” Lukcero Aghakan, que ofrece lectura de cartas españolas, tarot egipcio, tarot santa muerte, tarot del ángel caído, de runas y de tarot de los orishas; en santería y palo mayombe hace registro con dilogun (caracoles); chamalongo, ewele, tablero de ifa; limpias personales para casas, negocios, autos, etc. La misma afirma tener especialistas en trabajos negros, blancos y de panteón y en trabajos con la Santa Muerte y con el mismísimo Satanás, cuya efectividad está cien por ciento garantizada. Otro personaje famoso del Sonora es el Profesor Córdoba, el brujo de mayor renombre, que ofrece lectura de cartas y limpias; preparación de veladoras y la “solución total a todos sus problemas por difíciles que éstos sean” de salud, de amores, de su negocio, de su auto y económicos; y trabajos garantizados negros, blancos y espirituales. Es más: es tan poderoso que hasta clases de brujería ofrece.

Tres son los motivos principales que, a decir de los dueños de tan particulares puestos, son los que llevan a la gente a acudir a los brujos del “Sonora” antes que a los médicos, los curas o al dios de los cristianos: suerte en el amor, buena salud y abundante dinero, en ese estricto orden. Y si se quiere saber más de la estadística, este mercado se visita mayoritariamente por jóvenes que son los que más piden los servicios para fines amorosos y por gente mayor que anhela que su salud se conserve y le vaya bien en sus negocios. Según afirma la gente que atiende los puestos del mercado, no se puede negar de ninguna forma que los mexicanos somos “bien enamoradizos”. Así, el embrujo más pedido es el “amarre”, que consiste en utilizar materiales que nos permitan unir la vida de dos personas. Hay varias formas de hacer amarres: están las velas fabricadas con cera perfumada; las infusiones del famoso “toloache”, importante narcótico de uso ancestral que sirve para quebrar la voluntad del ser amado para que se rinda a nuestros deseos; los muñecos de parafina, suerte de fetiches de mayor efectividad que la de los muñecos de otro material; jabones, shampoos y lociones con feromonas para lograr la atracción por medios más químicos; en fin, toda una gama de productos especializados en el particular.

La enorme variedad de plantas medicinaIes que podemos encontrar el Mercado de Sonora habla de la forma en que se ha conservado hasta nuestros días la costumbre de utilizarlas para remediar los males del cuerpo. El uso de las plantas medicinales tiene una larga tradición en México y es innegable que está estrechamente vinculado a conceptos religiosos y mágicos, en los cuales la gente sigue confiando. De esta forma, en los pasillos del mercado se expenden, entre otras hierbas, hojas de aguacate para las inflamaciones, flor de manita para el corazón, flores de jacaranda para el estómago, «tripas de Judas» para los dolores musculares, axocopaque contra el reumatismo, árnica para aliviar los dolores producidos por golpes, manzanilla para los tés, pericón para proteger las casas y los cultivos, flores de bugambilia para la tos, toronjil para los “corajes », y una diversidad de plantas con aplicaciones para todos los males posibles. En estos puestos también se venden víboras de cascabel, enteras o encapsuladas, las cuales tienen fama de curar el cáncer; zorrillos desecados con los que se prepara un caldo que “fortalece la sangre »; estrellas de mar y cruces de madera de ocote para la buena suerte; trenzas de ajos machos para proteger las casas de las envidias; colibríes que se emplean como amuletos y semillas de ojo de venado para proteger del “mal de ojo ».

En fin: ya sea que uno esté enfermo del cuerpo o tenga dolencias en el alma, el Mercado de Sonora se presenta como el único centro comercial alternativo de la Ciudad de México donde la magia simpática —la que afirma que lo igual da lo igual— y la confianza en el saber ancestral están por encima de cualquier otro criterio.

Palabras claves

integración regional, conocimiento tradicional, reapropiación de la cultura tradicional, mercado local


, México, América Latina, La Merced, México, D. F.

dosier

Integración regional en América Latina : Chile, Colombia, México

Comentarios

La existencia de un mercado como el “Sonora” llama la atención por varios motivos. Primero, pone de manifiesto la pervivencia de creencias que los habitantes de la ciudad y del país ni desdeñan ni descartan aun cuando ha existido desde hace ya varios siglos una campaña quizá no oficial pero sí sistemática que condena al conocimiento popular a ser de menor rango que otros. Las personas que acuden a este mercado no ponen a discusión la efectividad de los amuletos y fetiches, de los embrujos, y de las plantas y animales medicinales. La lógica bajo la cual funcionan forma parte de tradiciones y costumbres que ni la iglesia católica ni la ciencia han sido capaces de erradicar.

En segundo término, este mercado evidencia que bajo el ropaje católico de los mexicanos existe un arraigado convencimiento en la existencia y efectividad de fuerzas inexplicables, sagradas, que nos ayudan a conseguir objetivos muy profanos y nos permiten pedir de manera más directa y sin ninguna culpa algo que proporcione goce al cuerpo, ya sea un novio/a, la salud o el dinero, elementos placenteros que la religión católica condena. Además, la visita al Mercado de los Brujos expone una problemática esencial de la contradicción entre lo que corresponde al orden de lo sagrado y lo que va encaminado a lo profano: el amor, la salud y la posibilidad de éxito pueden tener un origen divino pero también tienen un precio y se han convertido en mercancías. Como todos los comerciantes, los que venden en el Sonora se han sabido adaptar a las exigencias del mercado incorporando entre sus mercaderías a las efigies de moda y han puesto precios altos a los servicios más requeridos.

Finalmente, la existencia de un sitio alternativo de características tan peculiares nos muestra el fuerte arraigo de las costumbres y tradiciones populares en la vida cotidiana de los mexicanos, que aunque se encuentran bombardeados sistemáticamente por los modelos de vida que los medios de comunicación masiva ofrecen, preservan su patrimonio cultural, el que les da una identidad sin la que no podrían diferenciarse ni de los demás países latinoamericanos ni de otros habitantes del mundo. Es pues en los intersticios que el modelo cultural hegemónico deja libres donde ha de hacerse una recuperación de la identidad mexicana. El rescate de estas particularidades nacionales debe ser la base desde donde se construya una relación que sea fraterna y respetuosa de las diferencias entre los países y abone también al fortalecimiento de la identidad latinoamericana.

Notas

Esta ficha fue realizada en el marco del desarrollo de la alianza metodológica ESPIRAL, Escritores Públicos para la Integración Regional en América Latina.

Fuente

Entrevista

Visita al Mercado de Sonora, Av. Fray Servando Teresa de Mier, Col. Merced Balbuena, CP. 15810, Del. Venustiano Carranza, México, D.F. Entrevista a GAYOSO MÉNDEZ, Esperanza, local 405, Mercado de Sonora; Entrevista a QUIRVÁN ÁLVAREZ, Humberto, Mercado de Sonora. Entrevistas a locatarios que pidieron mantener secreta su identidad.

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