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A sólo 100 kilometros de la frontera

La odisea de un emigrante hondureño

Marcos ALMADA

08 / 2005

Es verano en el poblado de Altar, Sonora. Las temperaturas alcanzan los cincuenta grados centígrados en esta parte del desierto, quizá es el punto más caliente y árido de México. La frontera con Arizona se encuentra a menos de cien kilómetros. Es el último trecho para pisar finalmente suelo norteamericano, sin embargo las dificultades de la travesía migratoria no terminan en este punto, por el contrario, lo más peligroso apenas comienza.

La tortuosa experiencia de migrar se triplica cuando son tres fronteras las que deben cruzarse como lo tienen que hacer los hondureños. Los problemas suscitados en la frontera de México con Estados Unidos son tan sólo una pequeña parte de un fenómeno mucho mayor y más complejo de lo que a veces aparenta. La historia de José Alfredo Larsa, al igual que la de otros miles de centroamericanos está llena de dolorosas experiencias que muchas veces son causadas por los mismos latinoamericanos. Son relatos que no queremos escuchar, preferimos que los malhechores sean los agentes de la “migra” (como comúnmente se le llama a la policía migratoria norteamericana.)

En los últimos años la rígida política migratoria de los Estados Unidos ha derivado en el aumento del bloqueo fronterizo en las ciudades mexicanas de Tijuana y Ciudad Juárez. Se ha vuelto casi imposible cruzar por estas zonas. Esto ha ocasionado que el flujo migratorio se desplace hacia la zona del desierto de Altar, la cual se encuentra mayormente despoblada y poco vigilada. El problema es que el cruce ilegal implica caminar varios días por el desierto.

Para José, estar en este lugar representa un triunfo gigante. Su historia comienza siete meses atrás, cuando dejó su natal Honduras. Ahora lleva una semana en Altar, esperando a que su hermano en Pennsylvania le mande dinero para poder subsistir y para pagarle al “pollero” (término que popularmente se le da a quien cruza personas ilegalmente). Es en éste punto en el que José acepta ser entrevistado.

La vida en Honduras no es fácil, sobre todo si se tiene un ingreso menor a los cincuenta dólares a la semana y si se tiene una familia que mantener. José comenta que Latinoamérica no puede salir adelante porque no hay un proyecto, porque los políticos son corruptos y permiten que la moneda se devalúe. Este ambiente no le ha permitido desarrollarse y admite tener pocas habilidades para subsistir. Esto es precisamente lo que no quiere para sus hijos. En cambio, para él, Estados Unidos es la tierra de las oportunidades. Ahí su hermano ha mejorado su situación económica y es precisamente por eso que ha arriesgado su vida, para mejorar.

Los problemas comienzan al momento de salir de su comunidad. Los emigrantes representan una mina de oro para los extorsionistas, los ladrones y los traficantes de personas, es por eso que no se puede confiar en nadie. José comenta que el trayecto más peligroso por el que pasó fue Guatemala. De acuerdo a su experiencia, los policías guatemaltecos son los más despiadados Precisamente ahí fue extorsionado y obligado a regresar a Honduras.

Una vez recuperado de su primer intento fracasado, vuelve a emprender su viaje, pero ahora con mucho mayor cautela, cruzando a pie por las montañas guatemaltecas. Del numeroso grupo con el que parte de Honduras, apenas unos cuantos logran continuar el trayecto. Finalmente llega a México y todo marcha bien hasta que sufre un terrible accidente. El mejor transporte para cruzar México y pasar desapercibido es el ferrocarril. Cientos de centroamericanos viajan como polizontes sobre el techo o agarrados a los costados del tren. El problema es que éste transporte genera cientos de accidentes al año. José tuvo la mala suerte de accidentarse por un descuido y por el cansancio. Quedó aplastado por la unión de dos vagones. Él recuerda vividamente el crujido que su espalda emitió al ser aplastada. Inconsciente por el dolor, fue ayudado por su compañero de viaje y dejado al cuidado de un albergue de la Iglesia católica. Tres meses después empezó a tener movilidad de nuevo. Ahora, milagrosamente como él dice, camina sin dificultad y ha recuperado por completo su salud.

Para poder burlar a las autoridades mexicanas, los centroamericanos no llevan consigo identificación alguna. José tiene una copia de una identificación falsa, donde aparece como originario de Chiapas, México. Él asegura que ha aprendido a imitar el acento mexicano, sin embargo no se le nota mucha diferencia. Si lo llegara a atrapar la migra estadounidense, su identidad falsa le permite ser regresado a México en vez de ser llevado hasta Honduras nuevamente. Muchos emigrantes centroamericanos que no han logrado cruzar la frontera se quedan permanentemente en México. Actualmente Tijuana es la ciudad mexicana con mayor crecimiento y mucho se debe a la gran cantidad de emigrantes que no pueden cruzar a EUA ni volver a sus comunidades; se quedan varados a la mitad de su viaje.

Después de un fracasado intento de pasar por la ciudad de Nogales, el destino ha traído a José a Altar como a cientos de emigrantes más. Este pequeño poblado de 16 mil habitantes se ha convertido en un verdadero mosaico cultural. Miles de personas llegan cada día de las regiones más remotas de México y Centroamérica. Todos buscan hacer contacto con el pollero y prepararse para la ardua travesía. Cientos de albergues se han improvisado para dar cobijo a tantas personas. Desafortunadamente las condiciones de la mayoría de los albergues son deplorables. Decenas de personas duermen amontonadas en pequeños cuartos oscuros y asfixiantes. Durante el día, la plaza central se llena de cientos de personas ociosas, que esperan a que sus familiares les manden dinero para cruzar o para volver a intentar cruzar. Otros, derrotados por la adversidad esperan la oportunidad para volver a sus comunidades. La tranquila vida rural de este pueblo ha cambiado drásticamente. Por un lado, la principal actividad económica ha dejado de ser la agricultura. Ahora el comercio prospera con el derrame económico que ocasiona el movimiento de tanta gente.

José está más que decidido y asegura que va a intentarlo las veces que sean necesarias hasta llegar a Pennsylvania con su hermano. Estando a tan sólo cien kilómetros de la frontera, sería muy cobarde rendirse, sobre todo después de todo lo que ya ha caminado, me comenta. Pero él sabe que caminar por el desierto no es cualquier cosa. Sobre todo para él, que proviene de un clima húmedo y tropical. Otro emigrante contaba hace poco tiempo cómo se horrorizó al ver dos cadáveres ser devorados por animales carroñeros en el desierto. Otros aseguran que hay huesos humanos desperdigados a lo largo de todo el trayecto.

Pero no solamente el calor y los animales ponzoñosos representan un peligro. A lo largo de la frontera, se encuentran bandas organizadas que se aprovechan de los grupos de emigrantes. Estas bandas conocidas como los “cholos” se desplazan impunemente por el desolado desierto. Muchas veces sus ataques acaban en violaciones tanto de mujeres como de hombres e incluso en homicidios. La caminata por el desierto puede durar más de tres días, hasta llegar a la carretera que lleva a Tucson, Arizona. Las bandas muchas veces atacan a los emigrantes a la mitad del camino, dejándolos sin provisiones, sin agua y a veces hasta sin zapatos, en medio del desierto.

La violencia ha ido creciendo día a día en la frontera. Al tráfico de personas se le suma el narcotráfico y el robo de automóviles. La policía mexicana no ha podido controlar la situación. En lo que va de 2005, más de 200 personas han sido asesinadas tan sólo en la ciudad de Nuevo Laredo, en Tamaulipas, México. En Ciudad Juárez, Chihuahua, las muertes de mujeres aterrorizan a la población. Es por esto que los pobladores originarios de Altar se encuentran preocupados. Hay un gran temor en que la violencia llegue a este poblado. Los centroamericanos tienen sobre ellos un terrible estigma, se les asocia a pandillas como la “Mara Salvatrucha”. Esto les ocasiona problemas de discriminación y rechazo.

Un par de días después de la entrevista José está apurado y nervioso. Ya ha contratado a un pollero y está listo para irse. Con sus provisiones en mano, se sube a una camioneta blanca con un grupo de emigrantes y parte hacia el desierto. Así, cada día cientos de personas se van sin dejar rastro hacia un destino incierto.

Una semana después José vuelve a la plaza de Altar. La migra lo atrapó y devolvió pero, afortunadamente para él, gracias a su identificación falsa fue liberado en Nogales, México junto con los demás ilegales mexicanos. Sorprendentemente, su entusiasmo por cruzar no ha disminuido y promete que va a volver a intentarlo, las veces que sea necesario. Después de esto, no se supo nada más de él.

Palabras claves

integración regional, migración, derechos de los extranjeros, transformación urbana, tráfico de seres humanos


, México, América Latina, Altar, Sonora

dosier

Integración regional en América Latina : Chile, Colombia, México

Comentarios

La problemática de la migración es mucho más compleja de lo que aparenta. No sólo se ven afectadas las comunidades receptoras y expulsoras de emigrantes. También los poblados intermedios cambian con la llegada de éste fenómeno. Para muchos la migración masiva representa una gran oportunidad económica. De hecho, México en una gran parte se sustenta de los ingresos generados por las remesas de los emigrantes ilegales que crecen año con año. Todo esto con un grandísimo costo a la dignidad y los derechos más elementales de los hombres y mujeres que se ven forzados a dejar sus hogares.

En México hay un constante reclamo en contra de la brutalidad de la policía migratoria estadounidense, sin embargo rara vez se mira hacia la frontera sur, donde diariamente los derechos humanos de los centroamericanos son pisoteados, tanto por las bandas organizadas como por las autoridades mexicanas. Además, el verdadero crimen es mantener a un país en la miseria y obligar a su gente a arriesgar su vida para tener una vida un poco más digna. Las sociedades latinoamericanas sufrimos muchos males comunes y en pocas ocasiones intentamos solucionarlos juntos. Las personas están hartas de vivir en la periferia del mundo, de pasar sus vidas enteras en la pobreza. Mientras los políticos roban lo poco que queda, la fuerza laboral abandona el territorio de sus antepasados. En este contexto, el futuro de Latinoamérica aparenta ser todo, menos esperanzador.

Notas

Esta ficha fue realizada en el marco del desarrollo de la alianza metodológica ESPIRAL, Escritores Públicos para la Integración Regional en América Latina

Fuente

Investigación ; Entrevista

Texto original basado en observación de campo y entrevista a LARSA, José Alfredo, emigrante hondureño encontrado en Altar, Sonora, en la frontera norte de México.

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