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Alianzas Editoriales

¡A recuperar el libro y defender la diversidad cultural latinoamericana!

Carla ESTRADA JOPIA

08 / 2005

¿ No le parece novedoso que un libro de un tema tan árido como economía y sociología, escrito por un autor relativamente desconocido y editado por una empresa pequeña, nueva e independiente, se haya convertido en un éxito de ventas ? . Se trata de Anatomía de un mito (1997), obra del chileno Tomás Moulian, un lúcido y valiente análisis de la actual sociedad chilena es el libro más vendido de los últimos tiempos y el primero que desenmascara en profundidad el « transformismo » del Chile post dictadura. Gracias a él, su autor obtuvo en el año 1998, el premio Municipal de Santiago, Chile; el premio Lasa, en EEUU. Su editora fue LOM Ediciones.

En ese entonces, nada hacía prever que cuatro años más tarde, artistas e intelectuales deberían unirse para defender lo que hasta ese momento creían un derecho natural. Conscientes de que se avanzaba rápidamente en los acuerdos comerciales con EEUU y la Unión Europea que pondrían en riesgo el futuro de la producción cultural del país, en el mes de octubre de 2001 se creó la Coalición Chilena para la Diversidad Cultural. Esa primera etapa reunió al Sindicato de Actores de Chile, SIDARTE, a la Plataforma Audiovisual, a Editores de Chile (ex Asociación de Editores Independientes) y al Sindicato de Trabajadores de la Música, SITMUCH. La Coalición recién formada fue una de las voces fuertes que llamó la atención desde la sociedad civil respecto a las consecuencias que podrían tener esos acuerdos en nuestra vida cultural.

En una carta abierta al Presidente Lagos firmada por más de quinientos artistas, intelectuales y gestores culturales, lograron que, en el caso del Tratado de Libre Comercio con EEUU, se incorporara una reserva cultural en el acuerdo, la que señala que los programas de apoyo gubernamental y otros subsidios a las industrias culturales que hoy día existen o que puedan gestarse en el futuro, están fuera de las limitaciones y obligaciones del capítulo de servicios en el TLC. Se mantuvo también la cuota de pantalla de un 40 por ciento para contenido nacional en la TV abierta, y se logró además, en materia de derechos de autor, mantener los criterios imperantes en Chile, donde se prioriza la protección a los creadores por sobre la lógica de patentes o productores comerciales. Sin embargo, la reserva no considera el principio de tratamiento nacional, esto significa que el gobierno de Chile no puede discriminar, a la hora de llamar a concursos públicos, entre una empresa nacional y una extranjera. En teoría es posible que una empresa norteamericana pueda postular al Fondo Nacional de la Cultura y las Artes, FONDART, que busca financiar (total o parcialmente) proyectos, programas, actividades e iniciativas de fomento, ejecución, difusión y conservación de las artes, el patrimonio cultural y la infraestructura cultural. Un fondo concursable que, hasta ahora, ha sido territorio exclusivo de chilenos o extranjeros con residencia permanente en Chile y que sin el respeto al principio de tratamiento nacional podría recaer en cualquier persona o institución extranjera.

Por otra parte, la Organización Mundial de Comercio ha planteado congelar la existencia de subsidios en el mundo, y ha pedido listas de los subsidios a la cultura que tiene cada país. Su plan es congelarlos y luego poco a poco reducirlos, con lo que se pone seriamente en riesgo la existencia de instrumentos que, desde la vuelta a la democracia han sido un importante impulso a la creación cultural.

La concepción de la Alianza internacional de Editores Independientes es previa a la conciencia de los riesgos que conllevaba la firma de TLCs con Estados Unidos y Europa, más precisamente a partir de 1998. Durante un encuentro de editores en la Feria de Frankfurt comienzan a formarse lazos entre las cuatro editoriales que hoy la conforman. El segundo hito de esta alianza se encuentra en el Salón Iberoamericano de Gijón donde comienza a tomar forma una pequeña red que busca enfrentar a los grandes sellos comerciales que cada día más colman el mercado latinoamericano (españoles principalmente).

Tanto a nivel nacional como internacional la Alianza de Editores se ha organizado para exigir a los Estados, mayor resguardo hacia la producción cultural local a fin de contrarrestar el efecto mercantilizador de las grandes editoriales internacionales. La idea era tener editoriales locales y redes de colaboración, a fin de preservar la diversidad literaria, no sólo teniendo en cuenta las proyecciones comerciales del libro, sino su valor como aporte a la cultura de un país. En este sentido, la crítica a las grandes empresas editoriales fue dejar de lado la lógica de catálogo, en donde los libros con buenas ventas puedan subvencionar a los escritores jóvenes o bien a proyectos no masivos, de esta forma, cada libro pasó a ser un negocio independiente, en el que corre el riesgo de ser discontinuado de acuerdo a sus ventas.

LOM Ediciones, una de las editoriales que forman la alianza, presenta una característica peculiar, que podría ser la clave de su exitosa experiencia. En efecto, LOM Ediciones concibe la empresa editorial como una misión cultural que promueva la diversidad, sin olvidar que ella debe darse dentro de un contexto económico sustentable. Diversidad editorial para dar espacio a los creadores locales incipientes, apoyándose en ediciones de probada solvencia económica, así se logra la promoción de nuevos y variados valores sin afectar la viabilidad financiera de la editorial.

En el caso de LOM Ediciones, cada semana se reúne un comité editorial que evalúa las propuestas que los mismos autores nuevos presentan, propone textos ya editados o bien encarga textos de acuerdo a las problemáticas de interés. Así se aseguran de que exista una cantidad de libros con un éxito “asegurado”.

Hoy, estas cuatro editoriales: LOM, de Chile; ERA, de México; Txalaparta, de España y Trilce, de Uruguay tienen mas de 100 títulos cruzados, traducciones conjuntas, compras de derechos, y una colección llevada al inglés y francés, en países africanos, europeos y latinoamericanos. Esta asociación, obedece, al igual que en LOM, a una nueva visión de la empresa editorial, de conciliar el papel de promoción de las culturas locales con el de generar los recursos necesarios para tal papel, pero ahora a nivel global.

Esta interacción entre editores independientes enriquece, con sus propios aportes, a la diversidad de la cultura y que a la vez crean economías de escala que reducen costos, es decir siendo más eficientes en el uso de los recursos. Se crea así un círculo virtuoso de más cultura a menor precio y por ende, mayor accesibilidad.

A partir de esta iniciativa surge Editores de Chile, Asociación de Editores Independientes, Universitarios y Autónomos, cuyo anhelo es reposicionar al libro en el centro del desarrollo de la sociedad y la palabra escrita como fundamental para tener una ciudadanía activa que sea parte de la construcción de la sociedad, y sujetos de su historia. Algunas de las banderas de lucha de esta alianza son:

  • un precio único marcado en los libros (como en diarios y revistas),

  • impuesto al Valor Agregado IVA, diferenciado (del 7%) para el libro (Chile es el único país del mundo que no lo tiene),

  • la presencia de un Estado que sea actor central en los procesos de creación cultural, potenciando la creación local y las bibliotecas en sus títulos nacionales (de 20 títulos sudamericanos, el Estado compra 15 y de 20 títulos nacionales compra 5). Si se tiene en cuenta que por conceptos de IVA en la venta de los libros, el Estado de Chile gana anualmente entre 18 y 22 millones de dólares y sólo invierte 200 mil dólares para la compra de libros, el desequilibrio es notorio.

Frente a los TLCs, estas alianzas editoriales temen que la división del trabajo, por la lógica de las ventajas comparativas que los acuerdos comerciales implican, lleve a que algunos países sean productores culturales y otros meros receptores. Sin embargo, en este sector la imposición de este modelo llevaría a la dominación de una cultura sobre otra y la eventual desaparición de la producción cultural en los países más pequeños. El mercado, en este caso, olvida el valor simbólico, identificador y democratizador de los bienes y servicios culturales.

Por otra parte critican la mirada puramente punitiva sobre los temas de derecho de autor, con lo que un país como Chile se ve restringido a la calidad de consumidor de producciones culturales foráneas. En este sentido, es necesario revalorar el derecho de los creadores y no de los titulares, así como garantizar el acceso a las obras por parte de la población, verdadero problema de fondo para el tema de la piratería que, en todo caso, afecta de manera marginal a las editoriales independientes, pero que no deja de preocupar por el poco respeto que muestra hacia los creadores.

En términos generales el gran desafío que enfrentan estas dos coaliciones es reposicionar a las editoriales independientes como propulsoras de la creación cultural en sus respectivos países, cuya importancia radica en el apoyo que brindan a las propuestas locales, nuevas y no siempre masivas, pero no por ello menos importantes. La opinión del entrevistado es que son ellos mismos quienes han fallado en hacer visible el tema, para lo cual han comenzado un trabajo de concienciación en el medio intelectual en el que, incluso hasta hoy, no existe pleno convencimiento de la relevancia de tener editoriales locales fuertes e independientes.

Mots-clés

intégration régionale, résistance culturelle, diversité culturelle, culture dominante, culture et développement, communication et culture, propriété intellectuelle, entreprise et développement local


, Amérique Latine, Chili

dossier

Intégration régionale au Chili, Colombie et Mexique

Idées, expériences et propositions sur les sciences et la démocratie

Commentaire

La asociación de editoras, la defensa ante los abusos de los titulares de derecho intelectuales, las experiencias compartidas de traducción y las re-ediciones comentadas, son experiencias que buscan garantizar la diversidad, la creación y la participación cultural. Esta lucha busca valorizar las expresiones culturales más diversas e incluso minoritarias, puesto que a partir de ellas también se enriquece la sociedad en general y se garantiza la intervención de todos los sectores de la ciudadanía en la creación cultural.

El rol del libro en una sociedad no se limita a la mera transmisión de conocimiento. La lectura crea seres humanos con capacidad crítica, con responsabilidad social, mejora la comprensión del medio y potencia las aptitudes intelectuales de quienes lo leen. La creación o recuperación de una sociedad en donde el libro tenga un espacio privilegiado entre sus producciones culturales es un tema de voluntad política. Los Estados deben invertir en libros, las bibliotecas deben garantizar el acceso de la población a los libros y se debe incentivar el hábito de la lectura.

Además de la variable económica, el acceso a las creaciones culturales se relaciona con la sociabilidad del individuo, su aprecio a la diversidad y la no discriminación, y a una mayor actitud cívica reflejada en la valoración de la democracia. Es posible entonces visualizar una importante oportunidad de integración social en la medida en que el acceso a la oferta cultural sea menos restrictivo.

Si bien la existencia de las nuevas tecnologías parece haber relegado al libro a un segundo plano, no se debe olvidar la complementariedad de todas las producciones culturales. Cada una posee características especiales que la hacen indispensables. Las demandas realizadas por la Alianza de Editores Independientes y Editores de Chile no van contra la masificación de Internet o la TV, sino en pos de una sociedad informada y crítica, algo que, para los precursores de estas dos iniciativas, no puede concretarse sin que el libro recupere la relevancia social que se merece.

Si durante los períodos de dictadura en América latina se sufrió un retroceso en la producción cultural y los libros fueron vistos como un artefacto subversivo y peligroso, hoy queda defenderlo más allá de su carácter comercial, en su diversidad y riqueza.

Notes

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) 2002: Desarrollo Humano en Chile. Nosotros los chilenos: un desafío cultural.

Esta ficha fue realizada en el marco del desarrollo de la alianza metodológica ESPIRAL, Escritores Públicos para la Integración Regional en América Latina.

Source

Entretien

Entrevista a SLACHEVSKY CHONCHOL, Paulo. Periodista y director cofundador de LOM Ediciones. Fundador y ex presidente de la Coalición Chilena para la Diversidad Cultural. LOM Ediciones, Maturana 19, Santiago de Chile, Chile.

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