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¡Chile, allá voy en busca de mi destino!

Provenientes de Perú, muchas mujeres llegan a Chile a trabajar en el servicio doméstico. Aquí, el caso de una que se ha sobrepuesto a la discriminación en base a su perseverancia.

Carla ESTRADA JOPIA

08 / 2005

: En el censo de 2002 se contabilizaron 185 mil personas nacidas en el extranjero residentes en Chile, la cifra más alta jamás registrada, lo que significa un aumento del 75% con respecto al censo de 1992 y cuya relación de masculinidad es de 0,91 (por cada mujer hay 0,91 hombres). El caso particular de los peruanos registra un 21% de la población inmigrante en Chile, cuyo índice de masculinidad es de 0,66.

La feminización de la migración en Chile responde a un patrón global donde la mujer adquiere creciente preponderancia en los movimientos poblacionales. La mayor participación de mujeres, en el caso chileno se observa en la migración proveniente de Perú. Las mujeres se concentran mayoritariamente en trabajo doméstico, ocupando puestos laborales disponibles debido al retiro de mujeres chilenas de esa actividad. Un aspecto observable en este fenómeno es la sobre calificación que muestran quienes se desempeñan en el servicio doméstico explicada por la excesiva segmentación de la oferta laboral, la que a su vez se ve cada vez más menguada revistiendo un problema a futuro.

Irma llegó a Chile hace 8 años, proveniente de Lima, Perú, buscando su independencia económica. Trabajaba como secretaria en una pequeña empresa, por un sueldo de aproximadamente 120 dólares, cuando una amiga de la infancia, que estaba viviendo en Chile, la llamó para ofrecerle un trabajo de asesora del hogar o “nana” por 130 mil pesos chilenos (unos 220 dólares). No dudó un segundo en tomar la decisión, a las dos semanas estaba trabajando en Santiago en una casa en la que vivían dos abuelos y donde ella hacía la limpieza.

En un principio la familia de Irma no apoyó su venida, no aceptaban que arriesgara todo lo que tenía en Perú por unos pesos más, sin embargo, el tiempo y sus logros en Chile hicieron que se acostumbraran a la idea.

En la historia de esta mujer hay de todo, trabajando como asesora del hogar, afirma, se lleva una vida muy sola, hay que estar dispuesto a sacrificarse, pero compensa el dinero que se ahorra viviendo en la casa de los patrones.

Trabajó durante un año en una casa donde la carga de trabajo era enorme, la exigencia, además era altísima, los pisos brillantes todo el día, toda la ropa limpia y planchada, ni una pelusa sobre los muebles. A todo esto hay que agregar que el servicio doméstico puertas adentro no tiene horario de descanso de lunes a sábado, muchas veces los dueños de casa no pagan las imposiciones (pago provisional) de sus empleados como la ley lo indica y, en este caso, había un acoso constante hacia Irma por el simple hecho de ser extranjera. Tuvo que abandonar la casa entre acusaciones de robo, y todo tipo de insultos.

Afortunadamente, para ella, su siguiente trabajo la llevó a un ambiente muy agradable, en donde se incorporó a la vida familiar como una más. El problema seguía siendo la falta de un horario que le permitiera tener una vida propia aparte. En sus siguientes empleos, asegura, ha dejado una buena marca e incluso hasta el día de hoy mantiene relación con algunas familias.

Después de siete años trabajando en casas particulares, y teniendo ya sus documentos definitivos, se acercó a la municipalidad de su comuna, San Joaquín, para buscar oportunidades. Allí tomó un curso de peluquería y uno de computación, además fue recomendada para el trabajo que hoy tiene, se encarga de la limpieza en un consultorio de su comuna.

Añora su trabajo como secretaria, y quizás algún día vuelva a buscar ese tipo de empleo, por ahora está contenta por lo logrado. Tiene un pololo (novio) chileno, con quien vive actualmente, en la casa de su suegra. El próximo paso, cuenta, es comprar una casa propia para comenzar una vida juntos.

La vida de Irma sigue estando muy ligada a Perú, llama al menos una vez por semana a la casa de sus padres en Lima, manda todos los meses una parte de su sueldo para allá y ha podido viajar una vez al año desde que se vino, viajes que utiliza para traer todo tipo de artesanías que luego vende en Chile.

Uno de sus rituales es ir a la Plaza de Armas de Santiago (lugar de encuentro de la comunidad peruana en Chile) a llamar a sus padres y a comprar “cosas que traen del Perú”, además tiene un grupo de amigos de su nacionalidad con quienes cocina comida peruana.

Al hablar de Chile lo hace con agradecimiento, a pesar de que su experiencia ha sido dura y muchas veces no fue bien tratada, afirma que los chilenos son “buena onda”, ya se siente adaptada y en su trabajo en el consultorio se está relacionando mucho más con ellos, participando en las reuniones informales que se organizan.

A pesar de que, en sus palabras, venirse a Chile fue positivo, no deja de llamar la atención que esta secretaria de 28 años, esté trabajando en el servicio de aseo. Pero esto, nunca fue un problema para ella, buscaba una independencia económica que afortunadamente alcanzó y ahora tiene la oportunidad de mejorar ya que trabajando en el Servicio Público de Salud comienza a tener una “carrera funcionaria”, con beneficios laborales, contrato, previsión, salud y estabilidad.

Irma esta caminando hacia una integración estructural, no sólo tiene amigos y pololo, sino que participa con los mismos derechos en las instituciones de la sociedad chilena en los ámbitos de la economía, sistema de educación, de salud, de viviendas y otros.

Los hijos vendrán más adelante, hoy es el tiempo del ahorro y de tener una casa propia, aunque también tiene planes de viajar junto a su pareja a Australia, donde él tiene a su padre, a probar suerte, juntar plata y poder volver alguna vez a Perú con una situación económica estable. Por ahora Chile sigue siendo su casa, con lo bueno y con lo malo.

Mots-clés

travail des femmes, relation ville campagne, secteur informel, intégration régionale, migration, diversité culturelle


, Chili, Amérique Latine

dossier

Intégration régionale au Chili, Colombie et Mexique

Commentaire

A sus 28 años Irma González es el rostro de un importante número de mujeres peruanas que, dejando atrás una vida y familia, vienen a Chile a trabajar en el servicio doméstico a fin de mejorar su situación económica. Quizás lo más duro de esta experiencia es que el tipo de trabajo que ejercen es esclavizante, porque no les permite tener tiempo libre y porque los prejuicios les obligan a tener que demostrar constantemente que no son “flojas ni ladronas”. En el caso de esta mujer, como en el de muchas, hay una sobre-calificación para el empleo que realizan, y con el paso del tiempo se hace mucho más difícil volver a ejercer su profesión inicial, porque sus conocimientos van quedando obsoletos por la falta de práctica.

A esta dificultad se le une la estigmatización que sufren, las “nanas peruanas”, quienes son parte del lenguaje diario en Chile y muchas veces el concepto va acompañado de un tono despectivo hacia ellas. Parece ser que los chilenos nos creímos muy rápido los cuentos que hablan de un país superior, nos llenamos de orgullo por nuestros logros, pero no aceptamos tan fácilmente las consecuencias de nuestro bienestar. La migración es una consecuencia y es positiva, estamos generando las condiciones para ofrecer a otros la posibilidad de una mejor vida. Es importante entender que los peruanos que llegan a Chile, así como los ecuatorianos, bolivianos o argentinos son un aporte concreto a nuestra sociedad. Ellos también hacen que Chile crezca.

En una perspectiva de construcción latinoamericana, pareciera indispensable recalcar los aportes tanto culturales como economicos de estos flujos migratorios a nuestras sociedades que se inter-relacionan mas allá de los mercados financieros. Reconocer estos nuevos actores de la integración regional es una manera de recomponer nuestros espacios y nuestras fronteras y construinos a partir de esta diversidad.

La historia de Irma nos obliga a pensar en nuestra capacidad de acogida, en cómo los fenómenos sociales, como la migración, se generan a pesar de las trabas que se puedan poner tanto a nivel institucional como ciudadano. Existe ya una red instalada de inmigrantes que hace irreversible el fenómeno y nos fuerza a comprender que ya no sólo somos chilenos los que viven en nuestro país.

El país esta, cada día más, compuesto por una diversidad cultural, étnica y social que nos enriquece, y pone a prueba nuestra tolerancia como sociedad.

Notes

Esta ficha fue realizada en el marco del desarrollo de la alianza metodológica ESPIRAL, Escritores Públicos para la Integración Regional en América Latina.

Source

Entretien

Entrevista a GÓNZÁLEZ, Irma. Mujer de origen peruano residente en Chile.

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