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Algunas dificultades y retos en la ruta hacia la gestión de saberes en redes ciudadanas

Gerardo ALATORRE, Rosa Delia CAUDILLO FELIX

08 / 2006

A. En un encuentro puede decidirse crear una red. Pero eso no crea automáticamente una nueva cultura política, una nueva cultura organizacional.

Imaginemos un encuentro ciudadano, donde participan gente de organizaciones de base, de organismos de apoyo externo, quizá de prensa, en torno a una problemática que está afectando la calidad de vida, que está atentando contra los derechos humanos. Un encuentro para intercambiar experiencias y pensar juntos en posibles soluciones, en vías para resolver problemas y fortalecer iniciativas.

Está terminando el encuentro y la gente establece mecanismos para mantener contacto. Aquí están las direcciones (físicas y/o electrónicas) de todos los compañeros y compañeras. Los afectos están a flor de piel, muchas veces, y todo mundo sabe que es mucho lo que todos pueden aprender de todos –y todas de todas-, mucho lo que se pueden apoyar, y mucho el poder que pueden lograr construir si articulan esfuerzos. Formemos esta red. Y con las NTICs, pues es muy fácil, se supone, armar la red.

Perfecto. Pero ¿qué pasa muchas veces al regresar a la vida cotidiana? Cada organización sigue su rumbo, su manejo de recursos y sus programas, en los que no aparece la Red, salvo para cuestiones y necesidades muy específicas (como el respaldo a las respectivas iniciativas y movilizaciones). En los momentos de planeación (mensual o anual o lo que sea) la tal Red brilla por su ausencia (salvo escasas excepciones).

Puede hablarse de una situación paradójica, en la medida en que, a pesar del rápido incremento en las oportunidades de acceso, manejo y generación de informaciones y del surgimiento de nuevos modos de conocer desde y para la práctica, lo que observamos en numerosos grupos civiles es una pérdida de memoria. Actúan en la coyuntura y se valen de técnicas de presión mediática (periodicazos, etc.) pero poco construyen bases para la continuidad, la sistematización y el intercambio de la experiencia en dinámicas de red. La disponibilidad de dispositivos técnicos no se refleja en la creación de dispositivos organizativos para agilizar la circulación de informaciones y la permanente recomposición de los saberes.

Imaginemos sin embargo que hay un pequeño número de personas - estos facilitadores-actores del GES y otros activistas diversos- que, por alguna razón, se empeñan en invertir creatividad y trabajo para mantener flujos de información, animar procesos de intercambio y propiciar confluencias en torno a las movilizaciones (las de cada quien y las de la incipiente Red). Y entonces podemos suponer que la Red mantiene su existencia y va adquiriendo presencia, y convoca a futuros encuentros y empieza a alimentar iniciativas.

Ahora bien: El hecho de convocar no implica forzosamente que va a ser la Red quien principalmente va a fortalecerse como resultado de un encuentro o un proceso. Ciertas organizaciones –sin necesidad de que haya mala fe de por medio– capitalizan a su favor los saberes y contactos que se van estableciendo tanto al interior de la red –con grupos de base y dirigentes populares– como con actores externos –fundaciones, ONGs, funcionarios, etc. Esto limita significativamente las posibilidades que podrían abrirse desde la red para construir sinergias entre iguales a partir de los problemas o temas que se transversalizan y traducen en propuestas de política y movilizaciones en lo local, y hacia lo nacional o global.

En estos encuentros ciudadanos, la diversidad y cantidad de actores, el alcance geográfico y las múltiples agendas, expectativas, intereses y modos de operar y las relaciones locales y globales de los involucrados son aspectos críticos de la organización y consistencia que puede darse a cada encuentro.

Pasar de una lógica de organismo a una de red (o a una eficaz combinación de ambas) es algo que a todos y todas les suena bien, pero implica dejar atrás esquemas que forman parte de un sistema de funcionamiento y de construcción de prestigios individuales y/o institucionales, una cultura que no se modifica por voluntarismo ni de la noche a la mañana. En el caso concreto de Veracruz, lo que pudimos observar es un fuerte arraigo de la cultura de paternalismo forjada a lo largo de demasiadas décadas de gobierno llamado “benefactor”, sustentado en un entramado de lealtades, favores, clientelas. El proceso de ciudadanización enfrenta trabas, y no es raro, incluso, que se reproduzcan –con distinto signo- algunos esquemas paternalistas entre quienes buscan alternativas de empoderamiento de base.

En este sentido, cada intento de articulación en red enfrenta un triple reto:

  • Encontrar un equilibrio (que para cada caso será distinto) entre la flexibilidad y la institucionalización o formalización: ¿un equipo permanente de enlace? ¿una estrategia para allegarse financiamientos y apoyar actividades de la red? ¿o algo mucho más descentralizado? En cualquiera de estos casos, lo que necesita quedar claro es qué invierte cada organización para la alimentación de las dinámicas de red. En un 80% (por dar una idea), la vida de la red puede basarse en lo que de por sí cada organización hace; y entonces existe un 20% restante que sí implica un cierto “trabajo adicional”. Frecuentemente se escuchan comentarios señalando cómo en el trabajo en red se “desvían” los esfuerzos de las organizaciones, y el reto aquí es hacer patente el nivel de “redituabilidad” de este trabajo extra en términos de la consecución de los propios objetivos individuales de la organización, con un enfoque estratégico de mediano y largo plazo.

  • Resolver de alguna manera la cuestión del liderazgo. En las articulaciones que pudimos conocer en Veracruz, la cultura organizativa-política prevaleciente provoca que tanto los de dentro como los de fuera tienden a pensarla en términos de liderazgos: ¿quién está “al frente” de la red? , lo cual lleva al surgimiento de suspicacias y de expectativas. Los liderazgos rotativos necesitan ir concretándose.

  • Alimentar un proceso de reestructuración de las identidades y de las fuentes de poder para trascender los esquemas “convencionales”. Dos modelos bastante recursivos son el académico (la jerarquía de prestigio en función del grado de estudios) y el de la articulación de base (en la que ciertos grupos que trabajan con sectores populares construyen sus “auras como representantes de” y cierto monopolio de la legitimidad y de la verdad). Estos esquemas impiden la recomposición identitaria hacia nuevos y más abiertos imaginarios colectivos, en donde no puede existir “la verdad”.

B. Difícil que se desarrolle en los grupos y organizaciones la cultura de la reflexión sobre la práctica

¿Qué sucede? Que se forma un grupo de personas en torno a un proyecto compartido. Fue el caso, por ejemplo, de un grupo que reunía a académicos, gente de OSCs, gente de prensa. Vamos a discutir juntos los problemas, vamos a impulsar iniciativas. Muy bien. El grupo pone manos a la obra. Se tejen enlaces, se organizan eventos, se producen documentos y discusiones. Inclusive, se habla de reflexionar sobre las propias prácticas.

Al poco tiempo, algunos de quienes ahí participamos empezamos a detectar que hay ciertas agendas ocultas. Es decir: hay compañeros o compañeras que forman parte de determinadas organizaciones o instituciones, y cuyo interés (o uno de cuyos intereses) al participar en el grupo es “llevar agua a su molino”. La lógica en la que se basa el quehacer de estas instancias empieza a “transminarse” hacia el ámbito del grupo. “Lógica” en el sentido de las visiones (o “proyectos”) y los cómos, es decir las formas y estilos de construir poder, de ampliar la visibilidad, de impulsar agendas, de incidir en políticas...

Sucede que en tal grupo participan los integrantes del Proyecto GES, con ciertas habilidades que les permiten hacer “lecturas” de los procesos y observar cómo entran en juego los liderazgos, cómo buscan ejercer ciertos controles, cómo tienden a dar énfasis a ciertos elementos y a “olvidar” otros. ¿Qué hacer? ¿intentamos poner estas cuestiones sobre la mesa para que se conviertan en objeto de reflexión y aprendizaje y, - por qué no- en trampolín para buscar nuevas y más horizontales y potenciadoras formas de organizarnos?

Lo que queda de manifiesto es que este grupo, como tantos otros, prefiere no entrar en honduras. La reflexión sobre la práctica no es algo donde la gente se sienta segura y a gusto. Se prefiere (claro, sin expresarlo en voz alta) mantener muchos aspectos en el nivel tácito.

Al GES le correspondió (en la medida en que buscaba mantener su identidad íntegra) recoger y devolver los elementos de la reflexión colectiva que ayudaran a explicitar ciertos no dichos. El interés del GES en este grupo fue precisamente darle a este espacio un carácter de reflexión desde la acción y para la acción que aglutinara una diversidad de actores en donde los intereses institucionales se compartieran y explicitaran para ir construyendo una horizontalidad útil para la apropiación y visibilización amplia de los conocimientos y métodos.

C. Difícil pasar de las agendas ciudadanas reivindicativas a las políticas públicas y las leyes

En México hemos sido testigos de la creciente participación de los organismos de la sociedad civil en los espacios donde se diseñan, aprueban y evalúan las políticas públicas. Varios organismos, sobre todo aquellos con más experiencia y profesionalización, o con más aliados en los partidos políticos, están realizando “inmersiones” en espacios que se abren en los órganos legislativos en torno al diseño o modificación de leyes y reglamentos.

Puede suceder que exista legislación que instituya canales para la participación ciudadana, pero que falte la cultura política para asumir todas las tareas de comunicación y sistematización que implica dicha participación (cultura política tanto en los funcionarios como en muchas organizaciones sociales y civiles). Se abren, en determinadas coyunturas y generalmente con premura, espacios muy acotados, que no convocan a sectores ciudadanos amplios ni mucho menos aseguran la socialización de la información previa necesaria (información accesible, oportuna, fidedigna) para pensar y planear las cosas, y preparar el cabildeo.

Cuando se abren estos canales, en general es sólo un pequeño sector dentro del ámbito de las organizaciones y redes ciudadanas el que cuenta con los contactos, la visibilidad política y los recursos informativos, culturales y profesionales, para tener una presencia efectiva. Incluso al interior de éstas, son en general unas cuantas personas las que asumen por lo general la carga de trabajo.

Se trata, por lo demás, de espacios muy desgastantes (por ejemplo, es muy común la cancelación de última hora de reuniones con diputados o sus asistentes). Nunca faltan diputados que están realmente interesados en establecer enlaces en torno a las agendas ciudadanas, pero los márgenes son estrechos, hay mucha informalidad y es mucho el tiempo que exige el proceso a las personas que se involucran en estos procesos.

No ha sido posible integrar los elementos de coherencia entre la acción cotidiana y la gestión pública. Los esquemas de distribución de cuotas entre los partidos políticos representados en el congreso y las dinámicas de las organizaciones sociales involucradas en el puenteo y el cabildeo "desde abajo" impiden el fortalecimiento horizontal (en redes) de los grupos locales y regionales, pues las dinámicas "desde arriba" siguen reproduciendo esquemas centralizados y verticales bloqueando el acceso a la información y la transparencia. Las inercias se reproducen y en aras de la representación se opaca e invisibiliza la capacidad de los ciudadanos para gestionar de manera participativa y propositiva.

A guisa de conclusión: el GES como apuesta que sigue vigente

El proyecto Gestión de Saberes se desactiva en el año de 2005. Lo curioso es que la apuesta política, epistemológica y pedagógica del proyecto es cada vez más vigente. En diversos ámbitos del quehacer ciudadano, los aspectos relacionados con la gestión de la información, la producción de conocimiento desde la acción y para la acción y los flujos de comunicación en los ámbitos internos y externos de los grupos, las organizaciones y las comunidades, tienen un carácter estratégico, que poco a poco resulta más visible para quienes están inmersos en los movimientos.

Para pensar los nuevos retos, para lograr un acercamiento conceptual a la altura de la complejidad de los procesos locales y globales, es indispensable construir nuevos lenguajes. Pero será difícil o imposible construir estos lenguajes si no es mediante la vinculación en el hacer y el saber entre un abanico cada vez más amplio de actores sociales. Es para dialogar, para convivir, para coordinar acciones como surge el lenguaje.

GES (Gestion de saberes - Gestion des savoirs) - Xalapa, Veracruz, MEXIQUE - Mexique - rosicaudillo@gmail.com; geralatorre@gmail.com

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