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dialogues, propositions, histoires pour une citoyenneté mondiale

Un argentino hace empanadas en Colombia

De la expulsión a la construcción de un nuevo arraigo

Martha BALAGUERA

07 / 2005

A pesar de sentirse “ciudadano americano”, Luis Eduardo Briosso es un personaje de paso por Colombia. Desde su salida en 2002 de Argentina, no ha dejado de moverse entre el desarraigo y el deseo de tomarse su tiempo para lo trascendental.

Lo trascendental lo constituye su esposa y su hija colombianas, así como su propia persona. Pero también una no confesada esperanza porque Argentina retome la vocación de nación igualitaria que en algún momento tuvo.

Después de un año de crisis socioeconómica profunda en Argentina y ante el sentimiento de impotencia que generaba el no poder transformar nada, Luis Eduardo decidió venir a Colombia a protagonizar su propia vida. En su país de origen, Luis Eduardo había participado activamente en la política local y nacional. A nivel local, protagonizó la oposición electoral a un personaje políticamente nefasto para el municipio de Escobar, ubicado a cincuenta kilómetros de Buenos Aires y en donde él había vivido desde los siete años. A nivel nacional, participó en un partido que se oponía a las políticas neoliberales del entonces presidente Carlos Menem, el cual fracasó una vez llegó al poder por la traición de sus dirigentes.

Huyendo de tal situación, Luis Eduardo no partía hacia un lugar completamente desconocido; aferrado a los lazos familiares que lo unían con Colombia, salió con los treinta kilogramos de equipaje permitidos por la aerolínea, dejando atrás una nación agónica que le había arrebatado el sentido de pertenencia y el deseo de transformación.

Hoy lee la prensa colombiana sin la “tentación” de intervenir. Aquí convive con el desmoronamiento social, con la desigualdad y la injusticia. Aquí no tiene ni el derecho ni la obligación de intervenir. Asimismo, lee la prensa argentina pero sólo como espectador pues “así no duele tanto”. Aislado por completo de lo público, vive a la manera de los inmigrantes: sabe a qué vino a Colombia y en cuánto tiempo ha de lograrlo. Ha llegado a un país no del todo extraño a hacer empresa, porque en Colombia la inversión inicial para comenzar un negocio es muy inferior a lo que se requeriría en Argentina. Además, Colombia le ofrece la ventaja de ser, en sus palabras, “un país demandante de presencia extranjera”.

Desde antes de haber decidido salir de Argentina, Luis Eduardo había descubierto que la demanda de gastronomía extranjera en Colombia, era una oportunidad que no podía desaprovechar para empezar a concretar sus metas como empresario.

Actualmente es propietario de “La Gauchita”, un negocio donde se puede elegir entre veinte tipos de empanadas y necesariamente se cede a la tentación de comer “pamperitas”, hojaldres con arequipe y coco característicos de la gastronomía argentina. La decoración del local la constituye un mapa de su país, un baño tipo closet y los frascos de vidrio en los que se envasa chimichurri elaborado por otro argentino residente en Colombia.

Entre los sonidos y los olores de las frituras, Luis Eduardo rememora una Argentina que empezó a morir desde que el gobierno de su país “pasó a la embajada norteamericana”; desde que empezó a haber barrios privados con rejas y vigilantes y la miseria se hizo un lugar. De allí le viene el desarraigo, no obstante no evade su responsabilidad como parte de una sociedad que ha permitido el estado actual de cosas. El desarraigo también le viene de saber que Colombia no puede contenerlo. Acaso no haya pensado en irse de aquí, pero sus palabras traducen las carencias de un nómada, que no puede instalarse por completo en un lugar, tal vez porque su propia supervivencia así se lo exige, tal vez porque las condiciones en el nuevo contexto no favorecen la construcción de otras formas de arraigo superando el vínculo elemental de la nacionalidad. Para Luis Eduardo, este nuevo arraigo significaría aceptar la inhumana realidad actual colombiana o ser partícipe de un acto radical contra la injusticia y la muerte que allí imperan.

Ésta es la experiencia que ha tenido Luis Eduardo en Colombia. Día a día atiende a colombianos que llegan a su local buscando no solamente empanadas y pamperitas, sino también mate y chimichurri de la sazón argentina. Muchos de ellos no se limitan a la interacción comercial. De ordinario se establece un diálogo sobre la migración, sus causas y el balance que hace Luis Eduardo de su permanencia en Colombia. En general tanto él como su cocina tienen buena acogida. Se generan simpatías y no defrauda a los colombianos pues no es un “chanta”, designación coloquial para el personaje que responde con fidelidad al caricaturizado perfil prepotente y engreído que a menudo se atribuye al argentino y que no siempre concuerda con la realidad.

Entre tanto, el proceso de adaptación ha tomado su rumbo. La idiosincrasia colombiana es diferente a la argentina, pero Luis Eduardo reconoce la existencia de un hilo conductor en la historia de las naciones latinoamericanas. Las diferencias en los procesos de desarrollo no dan cuerpo a una antinomia sino a una complementariedad. Sin embargo, para él se trata de una lucha constante entre sentirse parte del nuevo escenario y el despliegue de una frontera invisible no sólo en su aislamiento de lo público, sino también en los choques culturales de la cotidianidad.

En las cosas simples de la cotidianidad como la forma de compartir los alimentos, la frontera empieza a hacerse más cierta cuando las interacciones con colombianos se sujetan al carácter formal y sosegado de estos últimos. Las posibilidades de enriquecimiento personal son inmensas, pero muchas veces exhortan a establecer relaciones de largo plazo para poder acceder a un nivel mayor de confianza e intimidad. Luis Eduardo no claudica porque “la vida no vale nada sin una relación íntima”.

De otro lado, gracias a su aislamiento de los asuntos públicos colombianos, a Luis Eduardo le queda más tiempo y concentración para lograr sus metas empresariales, así como para ir echando raíces en Colombia de una manera más privada pero no menos trascendental. En este momento La Gauchita constituye su más grande ambición y en ello lo ayudan considerablemente los prejuicios positivos de los colombianos hacia los argentinos. Colombia se enriquece con la presencia extranjera y sus diferentes aportes culturales, entre los que por supuesto se encuentran los gastronómicos.

Pero no sucede lo mismo desde el punto de vista de la regulación colombiana sobre migraciones. Si desde la identidad y la cultura Colombia demanda presencia extranjera, desde la política y el derecho los inmigrantes no consiguen desenvolverse fácilmente en este país. Hoy por hoy Luis Eduardo es un residente ilegal en Colombia al no haber renovado su visa de cónyuge por su alto costo, que en todo caso no le permite trabajar sino solamente permanecer en el territorio nacional mantenido por su esposa.

Es decir, la regulación de los movimientos migratorios no constituye actualmente un motor para la integración regional en América Latina. La voluntad política necesaria para liberar la movilidad de las personas parece ser algo muy lejano de lograr. Muchos como Luis Eduardo no dejan de ratificarlo a cada instante. Y sin embargo, en el día a día, Luis Eduardo también ratifica que él y su cocina son bienvenidos en Colombia.

La pregunta podría consistir entonces en ¿cómo hacer que las normas respondan de manera fiel a las relaciones sociales que se van tejiendo entre los latinoamericanos? Si esta es la perspectiva, el camino está por recorrer en el campo de las políticas públicas. Éstas deben ir condensando el sentir de unos pueblos latinoamericanos proclives a la integración y a la ayuda mutua y no los valores propios de una lógica fragmentaria de la competencia individual.

Mots-clés

intégration régionale, migration, identité culturelle, travail, initiative économique


, Colombie, Amérique Latine, Cundinamarca, Bogotá

dossier

Intégration régionale au Chili, Colombie et Mexique

Commentaire

La experiencia de Luis Eduardo devela un drama humano que es a la vez evidencia del instinto de conservación. Por un lado, la expulsión implícita en los movimientos migratorios deja en claro que hay una crisis del proyecto político en el país de origen que hace perder los sueños individuales e intentar darles otros rumbos. No es casual que los Estados vean a sus sociedades desmembrarse con migraciones masivas como las que ocurren en Colombia y Argentina.

Por el otro, las personas se trasladan a nuevos entornos asidas de lazos de identidad derivados del idioma, la raza, la cercanía geográfica o la historia común. Con nuevos sueños, los inmigrantes arriban a un país extranjero y las barreras normativas parecen bloquear la construcción de nuevos arraigos, pero ellos encuentran otros rostros, otros vínculos y otras raíces.

En el peor de los casos, la misma población nacional se opone a la llegada de extranjeros, muchas veces por considerarlos competidores en el ámbito laboral. Pero las interacciones cara a cara ponen en juego otro tipo de nexos basados, por ejemplo, en la solidaridad, la amistad y hasta la curiosidad, cuestionando con su curso las orientaciones de política dadas por los gobiernos al asunto de las migraciones.

Puede ser que las letras jurídicas no tengan un poder tan grande como para eliminar la discriminación y la exclusión más propias de la ideología o la cultura, pero así como las situaciones sociales reales conducen a cuestionar regulaciones, puede ser que los avances políticos y jurídicos lleven a replantear comportamientos y visiones sobre el “nosotros” de los latinoamericanos.

Notes

Esta ficha fue realizada en el marco del desarrollo de la alianza metodológica ESPIRAL, Escritores Públicos para la Integración Regional en América Latina.

Source

Entretien

Entrevista a: BRIOSSO, Luis Eduardo, Calle 51 No. 23 - 47, Bogotá, Colombia, (57-1) 2101067, luiseduardobriosso@yahoo.com.ar

ALMEDIO - 2, traverse Baussenque, 13002 Marseille, FRANCE Almedio Consultores. Norma 233, Maitencillo. Comuna de Puchuncaví. Va Región, CHILI - Fono: (56)32 277 2231 - Chili - www.almedio.fr - info (@) almedio.fr

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