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Un puente entre la legalidad y la ilegalidad

La integración latinoamericana originada a partir de la problemática del narcotráfico.

Néstor RIVERA

10 / 2005

A nivel internacional, Colombia carga con el estigma de ser el principal productor y exportador de cocaína en el mundo. Sin embargo, Colombia no es el único actor de este problema pues alrededor del tema de la droga se han tejido canales y redes tanto legales como ilegales siendo de esta manera el narcotráfico otro de los lazos de integración latinoamericana.

Así pues, si Colombia es el principal productor de cocaína; para lograr este producto final son muchas las redes y los actores que intervienen. La hoja de coca que es el principal insumo de esta industria generalmente proviene de países como Bolivia y Perú que tienen una tradición cultural en el consumo de productos elaborados con esta planta y donde su cultivo no es ilegal. Por otra parte, los insumos químicos necesarios para la producción son traídos de Estados Unidos y Europa y entran ilegalmente a través de las fronteras centroamericanas y brasileras. En el momento de exportar el producto final este sale a través de países como México, Centroamérica, las islas del caribe, Ecuador y Venezuela. Finalmente, en el momento traer al país el producto de las ventas, que puede ser dinero o armas para los grupos al margen de la ley, utilizan, en el primer caso, los mercados de valores internacionales y, en el segundo, las fronteras selváticas del país.

Por el otro lado, los gobiernos tanto colombianos como latinoamericanos constantemente hacen alianzas, planes y programas para luchar unidos contra estas redes ilegales. Así pues establecen mayores controles aduaneros y fronterizos, incrementan su pie de fuerza en las zonas de mayor prevalesencia de este fenómeno, persiguen a los sindicados del narcotráfico en todos los territorios en incluso realizan operativos conjuntos para combatir las grandes mafias que dominan el negocio del narcotráfico. Por otra parte, los países consumidores, como Estados Unidos y la Unión Europea crean planes como el ATPDEA (USA), donde se les dan preferencias arancelarias a los países que luchan contra el narcotráfico y constantemente generan diferentes programas encaminados a fortalecer la lucha contra el narcotráfico los cuales abarcan desde los ámbitos sociales a los económicos y militares.

Independientemente de los juegos económicos y legales de la droga en la comunidad internacional, en el interior del país también se reproduce el juego ilegal entre productores y consumidores; juego que se complejiza debido al conflicto interno que vive el país, ya que los productores se han aliado con los grupos insurgentes (tanto de derecha como de izquierda) buscando la protección de sus armas para sus asentamientos productivos y por otro lado los grupos insurgentes también se han vuelto productores de cocaína, buscando el dinero de su comercialización para financiar su guerra. Mientras tanto, en el otro lado se encuentran los consumidores; estos son individuos de todas las capas sociales que, en primer lugar no están dispuestos a involucrarse en el juego de la guerra para obtener la mercancía deseada y que además, en la mayoría de los casos, deben mantener su condición de consumidores en secreto pues la sociedad juzga y rechaza fuertemente a aquellos que usan drogas, segregando y señalando a todos aquellos que son descubiertos in fraganti.

En medio de este panorama se encuentran los “jíbaros”, “dealers”, “distribuidores” o simplemente los vendedores de las drogas. Individuos que crean los puentes entre estos dos estamentos de la sociedad colombiana separados por la guerra y que se mueven entre la clandestinidad y la luz pública.

Carlos* es uno de los tantos sujetos que se mueven en el mundo de las drogas sirviendo como abastecedor de ellas a múltiples individuos de la sociedad. Su historia empieza desde muy pequeño cuando llega a la ciudad de Bogotá, (Capital de Colombia) sin familia y sin un lugar donde ser acogido. Así pues, inicia su vida, aun infantil, habitando el sórdido mundo de la Calle del Cartucho, (sector bogotano, hoy desalojado por la policía, donde se concentraban todos los indigentes bogotanos, y que ahora deambulan por toda la ciudad) allí ganaba su sustento diario robando transeúntes desprevenidos, con lo que aseguraba alguna comida y un techo que lo protegiese de la lluvia, mientras vivía segregado del resto de la “sociedad”.

A la edad de doce años se ve obligado a huir del Cartucho pues su vida corría peligro. Por lo cual se desplaza a otro sector de la ciudad donde se refugia en una muy modesta pensión. En este lugar conoce unos extranjeros que después de descubrir sus condiciones de vida le piden que consiga drogas para ellos, cosa que hizo con gran facilidad y que para su sorpresa fue remunerada de forma gratificante, por lo cual durante un tiempo siguió sirviendo de intermediario de estos sujetos que no solamente le pagaban bien por los favores sino que lo trataban de forma amable y compartían con él, de alguna manera, espacios sociales que antes le habían sido vedados.

Con el dinero que empezó a conseguir pudo acceder a cosas que antes no tenía, como buenas comidas, ropa y capacidad para asistir a lugares a los que antes no podía entrar. Así pues, se dio cuenta que este medio le podía proporcionar una manera diferente de vivir. “Aunque yo se que para muchas personas la droga no ha hecho mas que acabar con sus vidas, a mi la coca me abrió caminos de aceptación en la sociedad, me brindo la oportunidad de integrarme a la sociedad dizque “normal”, de la cual siempre había sido rechazado. Por el hecho de conseguir drogas, la gente que las buscaba me hizo parte de sus círculos, me trató con respeto y me permitió aprender cosas del mundo que de otra manera no hubiera conseguido nunca.” comenta Carlos.

A partir de ese entonces Carlos cambió su modo de vida, dejó el robo para dedicarse a la distribución de cocaína; empezó a conocer personas diferentes por medio de su nuevo “trabajo” y a ver nuevas cosas del mundo. “A mi solamente me faltaron 6 años de primaria y 6 de bachillerato” dice Carlos entre sonrisas, “pero aprendí que el conocimiento no está necesariamente en un colegio o en una universidad, que las cosas realmente importantes las aprende uno es en la vida diaria, hablando con las personas, relacionándose con los demás. Curiosamente las personas que consumen drogas son personas muy inteligentes y muy cultas. Por medio de esto yo he conocido políticos importantes, religiosos, periodistas, artistas, estudiantes, turistas y gran cantidad de gente; y a través del contacto con ellos, de charlar y de compartir diferentes espacios y modos de ver la vida es que he aprendido las cosas importantes.”

Sin embargo, de la misma forma que la droga le ha permitido conocer y relacionarse con personalidades de la sociedad legal también lo ha llevado a relacionarse con esa otra parte de la sociedad colombiana que se encuentra completamente al margen de la ley, por hacer parte de los agentes del conflicto. De estos, dice que son personas comunes y corrientes, cada uno con su historia y con su propio modo de ver el mundo. “Claro que el contacto con ellos es poco frecuente por que para que la droga llegue desde el laboratorio hasta aquí, pasa por muchas manos pues la traen campesinos o diferentes personas que van hasta allá para conseguirla y se la van pasando de uno a otro y puede pasar hasta por diez manos, porque no todo el mundo conoce las personas que la consumen finalmente. Igual, mucha gente quiere beneficiarse del negocio también. Por que no son solamente los que producen las drogas son los que se quedan con la plata, detrás de eso también hay políticos, y los policías y mucha gente. Aquí al mismo tiempo que escriben las leyes se van metiendo los pases.” (En la jerga colombiana “meterse un pase” es inhalar una línea de cocaína)

Por otra parte, aunque es conciente de que las drogas tienen efectos nocivos en el organismo no considera que le este haciendo un mal, propiamente dicho, a los consumidores. “Primero que todo yo no le ofrezco nada a nadie, ni les digo que metan o no, eso es decisión de cada uno, sin embargo uno sabe que las drogas hacen daño por si mismas por lo que yo no me pongo a revolverle cosas a eso porque entonces termina uno haciendo es un mal mayor.” Finalmente, Carlos concluye diciendo: ”de todas formas no creo que le este haciendo daño a nadie pues cada uno tiene sus propias decisiones.” Finalmente, él es un producto de las mismas condiciones de indiferencia e hipocresía que maneja esta sociedad, donde todo el mundo juzga al otro aunque el tenga los mismos errores, y donde la persona es rechazada si no tiene buena ropa y buena presencia; es mas, si se es un habitante de la calle ni siquiera se existe para los demás. El producto de una sociedad donde cada uno tiene que ver como abre sus propios caminos y encuentra su lugar de aceptación.

Mots-clés

drogue, consommation de drogue, drogue et violence, conflit social


, Colombie, Amérique Latine, Cundinamarca, Bogotá.

dossier

Intégration régionale au Chili, Colombie et Mexique

Commentaire

Aunque en América Latina el país que atrae todas las miradas por el problema de la droga es Colombia, es de notarse que el narcotráfico también es una problemática latente en cada uno de los demás Estados latinoamericanos. De esta forma, la droga ha creado un lazo de integración en Latinoamérica, ya sea por las políticas conjuntas que plantean los diferentes gobiernos para combatir el problema y tener mayores grados de aceptación en la comunidad internacional. O porque en nuestras sociedades existe una cultura común donde la doble moral por un lado juzga a todo aquel que tenga vínculos con la droga y por el otro lado mantiene y sostiene de forma clandestina a aquellos que satisfacen la demanda de drogas dentro de la comunidad.

Igualmente, el problema de pobreza común a todos nuestros países hace que personajes como Carlos, que buscan un lugar de aceptación como el de cualquier otro en la sociedad, se reproduzcan independientemente de que sea Colombia, Chile, México o cualquier otro país el lugar de su asentamiento. Lo importante para ellos, es que la hipocresía social les facilitará un medio de aceptación mientras le sirven a la sociedad como puentes entre la legalidad y la ilegalidad. Así pues como dice William Burroughs, en su libro “Yonki”, “…en el fondo nadie

Notes

*Por seguridad el nombre del entrevistado ha sido cambiado.

BURROUGHS; William S. “Yonki”. Editorial Anagrama. Barcelona, 1997. Pág. 22.

Esta ficha fue realizada en el marco del desarrollo de la alianza metodológica ESPIRAL, Escritores Públicos para la Integración Regional en América Latina

Source

Entretien

Entrevista a : ( ANONIMO, en Colombia, Bogotá)

ALMEDIO - 2, traverse Baussenque, 13002 Marseille, FRANCE Almedio Consultores. Norma 233, Maitencillo. Comuna de Puchuncaví. Va Región, CHILI - Fono: (56)32 277 2231 - Chili - www.almedio.fr - info (@) almedio.fr

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