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El despertar de las mujeres quetzal a otra identidad social

Cambios en la cultura machista y reconocimiento del trabajo femenino náhuatl en la Sierra Norte de Puebla.

Claudia RIVERA ROSALES

07 / 2005

El municipio de Cuetzalan del Progreso se localiza en la parte noroeste del Estado de Puebla en el centro de México. Situado a unas cuatro horas de camino de la capital de Puebla, Cuetzalan cuenta con una superficie de 135 km2. El nombre de la población está integrado por las raíces nahuas que hablan del ave “Quetzalt” (cosa brillante, hermosa) y “lan” (junto, cerca), Cuetzalan significa entonces “junto a las aves preciosas llamadas Quetzalt”. Este pueblo perteneció al lugar llamado Totonacapan fundado en el año 200 A.C. por los totonacos según demuestra la evidencia arqueológica que existe en la localidad de Yohualichan localizada en este municipio.

El 85% de los habitantes son indígenas nahuas o totonacas. Dos terceras partes de la población se dedica a la agricultura o a la ganadería, sus cultivos tradicionales son maíz, café y fríjol. Alrededor del 17% de la población se dedica al comercio y servicios. En cuanto a escolaridad: el 35% es analfabeta. El 47% de la población habla solamente español; el 45% es bilingüe (español y náhuatl) y un 14% sólo habla náhuatl u otra lengua indígena como el totonaca.

Aquí, es evidente la división social. Por un lado, se encuentran los mestizos quienes son propietarios de los negocios comerciales y casetas telefónicas o trabajadores en el transporte público (colectivo o taxis). Y por otro, se encuentran los indígenas (que aún portan orgullosamente su vestimenta tradicional) quienes acuden al centro del municipio a realizar el trueque (intercambio en especie), comprar y vender sus productos (prendas textiles hechas a mano o en telar de cintura, artesanías, frutas, hortalizas o verduras, etc.) de casa en casa, al borde de la calle o en la plaza principal.

En este contexto es que resulta rara pero interesante la experiencia de un grupo de mujeres indígenas que se organizaron para crear su propia fuente de trabajo y comenzaron a transformar la cultura sexual y reproductiva de su comunidad.

En las entrañas de la Sierra Norte viven Dominga (joven soltera de 23 años) y Joaquina (joven madre y esposa de 32 años), mujeres indígenas que hablan náhuatl y español. Ambas son miembros de la Organización Maseualsiuamej Mosenyolchicauanij. En el Hotel Taselotzin que es administrado por esta organización y que significa “lo que produce la tierra”, Dominga y Joaquina hablan sobre el trabajo que realizan y cómo éste ha influido en la transformación de su vida cotidiana y en la transformación de su cultura sobre dos temas centrales: el trabajo de la mujer y la cultura sexual y reproductiva.

En 1985 ellas se integraron a una cooperativa conformada por hombres y mujeres indígenas con el objetivo de comercializar sus artesanías sin intermediarios. Sin embargo, al paso del tiempo, surgieron muchos problemas debido a que los hombres se negaban a revelar a las mujeres información sobre la administración de los recursos económicos e impedir que tomaran decisiones dentro de la cooperativa. Ante esto, las mujeres decidieron separarse y formar su propia organización. El comienzo fue difícil, sin recursos, sin un espacio donde realizar sus reuniones y sin apoyo de sus familias, incluso teniendo que reunirse en las casas de las compañeras. Y precisamente aquí cobra mucho sentido el nombre de su organización “Maseualsiuamej Mosenyolchicauanij” que significa “mujeres indígenas que trabajan juntas y se apoyan”. Pese a todo, juntas lograron crecer y organizar talleres de información sobre el trabajo de la mujer, la subordinación, la sexualidad, la salud reproductiva, la violencia y los derechos humanos. Además, gracias a la organización lograron impulsar su participación en foros nacionales y regionales sobre el tema de la autonomía.

Sin embargo, las mujeres se enfrentaron a severas restricciones familiares y sociales. Por ejemplo, la imposición de las tareas domésticas que tradicionalmente les fueron asignadas como la preparación de los alimentos, el cuidado de los hijos y el trabajo en el campo. El temor a la murmuración de los otros. “Qué va a decir la gente si te ven salir sola a la calle” narran Dominga y Joaquina. Según la vieja costumbre ninguna mujer debe salir sola, pues de hacerlo, se duda de su “pureza” y de la “honorabilidad” de su familia, lo cual representa una razón para ser golpeadas por sus padres o esposos.

En estas condiciones organizarse exigió un esfuerzo exponencial. Por esa razón, Dominga se considera relativamente en ventaja pues aún no es casada y “eso da un poco más de tiempo libre en comparación con las demás compañeras que sí son casadas”, comenta.

Después de mucha tenacidad el apoyo económico comenzó a fluir poco a poco y recibieron asesoría de la organización no gubernamental Centro de Asesoría y Desarrollo Entre Mujeres (CADEM A.C.); del Comité Internacional para la Generación de Alimentos (CILCA Internacional) y del Instituto Nacional Indigenista (INI) para desarrollar más actividades productivas. Hasta ahora se han hecho realidad múltiples proyectos como una tienda de artesanías; algunas tortillerías y molinos; una farmacia de medicina tradicional y el Hotel Eco-turístico Tazelotzin, el cual pudo ser construido gracias a las aportaciones de las socias y a un préstamo solicitado a Fondo Nacional de Apoyo para las Empresas de Solidaridad. En 1998, el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Puebla las apoyó en la creación de un jardín botánico que les permitiera conservar el uso de plantas medicinales y la producción de medicinas tradicionales. Estas mujeres indígenas son propietarias del Hotel Taselotzin y por ello son una excepción, pues todos los negocios comerciales de la zona son propiedad de mestizos o de blancos. Ningún indígena cuenta con negocio propio por pequeño que sea, y mucho menos en el centro del pueblo donde se concentra la mayor parte de la actividad económica.

Hoy son 200 mujeres miembros y 44 de ellas son socias del Hotel. Maseualsiuamej Mosenyolchicauanij está integrada por mujeres de seis comunidades (San Andrés Tzicuilan, Cuaotamazaco, Pepexta, Xiloxochico, Chicueyaco e Itzinacapan). La comunidad más cercana está a 35 minutos en caminata y la más lejana se encuentra a una hora y 15 minutos en automóvil. Las socias realizan reuniones mensuales en las comunidades en donde se toman acuerdos sobre cada paso que da el comité y las acciones en la administración del hotel. Regularmente se lleva a cabo también la repartición de utilidades a las socias. El resto de las compañeras realizan tareas en otros proyectos de la cooperativa. Por ejemplo: en el hotel se venden las artesanías que las otras compañeras producen y a medida que se venden se le entrega el importe de la venta íntegra a cada productora directa.

En otros temas, Dominga y Joaquina detectan cambios importantes en la cultura sexual y reproductiva gracias a su trabajo. En primer lugar, reconocen ahora los derechos de la mujer que antes ignoraban. Todavía son mal vistas las mujeres jóvenes que aún no son esposas y madres pero cada vez es menos frecuente, aseguran. “Antes los abuelos o los padres las casaban con hombres que no conocían hasta el mismo día de la boda, sin su consentimiento (de la mujer) pero poco a poco esto ha ido cambiando. Antes las familias eran muy grandes, de doce o catorce hijos y ahora se ven de tres o cuatro hijos, ya planifican un poco más sus familias”, dice Dominga.

Por su parte, Joaquina afirma que “antes salía el esposo detrás de la mujer cuidándole los pasos. Actualmente los esposos no ven mal que sus mujeres salgan a trabajar y ya aceptan que salgan solas de la casa. La gente de la comunidad ya no murmura tanto de nosotras porque ya nos conocen que venimos a trabajar”.

Dominga añade que “anteriormente tampoco me dejaban salir sola de casa, siempre salía con mi mamá, cuando yo llegaba de la escuela tenía que prepararles la comida a todos mis hermanos (cinco) y hacer las labores domésticas, lo cual no me dejaba tiempo ni para hacer mi telar. Pero cuando me integré a la organización y debía ir a las reuniones era cuando escapaba de esa rutina y podía realizar otras actividades. Ahora puedo ir sola a la organización y trabajar en el hotel, ya no necesito salir con mis papás o mis hermanos. Si no hubiera entrado a la organización, seguiría ahí encerrada en la cocina y en la casa. Y observo que todavía existen mujeres jóvenes que siguen igual y que salen con su mamá aunque vayan a cortar café, o a trabajar en la milpa”.

Recientemente, tanto Joaquina como Dominga son tomadas en cuenta por los hombres de sus familias para opinar y tomar decisiones. Dominga tiene hermanas menores, ellas también comienzan a decidir qué hacer de manera independiente, el ejemplo de su hermana mayor ha comenzado a dar sus frutos y ahora las hermanas menores ya no solicitan el permiso de la madre o el padre para salir a fiestas o a la calle.

Joaquina por su lado, de manera asombrosa, sólo tiene una hija de siete años, en la cual también ha influido el ejemplo de su mamá, quien le ha enseñado cuáles son sus derechos. Su hija sabe que cuando mamá sale de casa es porque va a trabajar y cuando alguien regaña a su hija, esta se defiende diciendo: “no me grites, yo ya sé cuáles son mis derechos”.

La relación con sus esposos, hermanos o padres ha cambiado desde que trabajan fuera de casa y contribuyen a la economía familiar. Esto ha permitido que la relación entre hombres y mujeres se gestione con mayor respeto. Incluso el marido de Joaquina ha tenido que aprender ciertas artes del hogar después de entender los sólidos argumentos de su esposa: “si calientas las tortillas no se te van a caer los pantalones, no tengo porque hacerlo todo yo sola; tú no me pagas por trabajar para ti. El trabajo de un hombre es muy cansado, igual que el de la mujer pero la diferencia es que el hombre llega a la casa y descansa tranquilamente, en cambio nosotras no, y también necesitamos descansar”.

Este grupo también trabaja dentro de la Asamblea Indígena Nacional y Plural por la Autonomía en la cual se relaciona con otras organizaciones indígenas (de mujeres y mixtas) de todo México. Esta asamblea se reúne cada seis meses para discutir acerca de la identidad indígena y sus procesos de autonomía. La Maseualsiuamej Mosenyolchicauanij practica la autonomía porque toman colectivamente sus propias decisiones: “la autonomía se da en la práctica, en el trabajo diario, no en un papel” afirma Joaquina.

Mots-clés

intégration régionale, organisation de femmes, travail des femmes, action communautaire, médecine traditionnelle


, Mexique, Amérique Latine, Poblados de Tzicuilan y Xiloxochico. Cuetzalan del Progreso, Puebla

dossier

Intégration régionale au Chili, Colombie et Mexique

Commentaire

Las mujeres miembros de la Asociación Maseualsiuamej Mosenyolchicauanij son un ejemplo de un sistemático esfuerzo por transformar la cultura y el rol social de la mujer. En América Latina son históricas ciertas costumbres indígenas y no indígenas que fracturan la dignidad de la mujer y limitan el desarrollo de sus capacidades políticas y creativas. En diferentes partes de esta región han surgido organizaciones de mujeres que emprenden proyectos productivos, que impulsan iniciativas de ley para ampliar y defender sus derechos o que llevan a cabo proyectos de protección del medio ambiente. Esta organización no se autodefine estrictamente como feminista ya que no busca generar ruptura con los hombres, pero sí ser independiente de ellos, extendiendo sus metas al beneficio de su comunidad en general. Su trabajo deja ver que la autosuficiencia económica de la mujer juega un papel clave en el proceso de transformación de los patrones de género represivos de la cultura latinoamericana, ya que esta independencia material hace innecesario el sometimiento ante el hombre para subsistir.

Notes

Esta ficha fue realizada en el marco del desarrollo de la alianza metodológica ESPIRAL, Escritores Públicos para la Integración Regional en América.

Source

Entretien

RAMOS SEMO, Dominga. Socia de la organización y coordinadora del Proyecto de Medicina Tradicional. Tzicuilan, Municipio de Cuetzalan del Progreso y a DIEGO CRUZ, Joaquina, Socia de la Organización y coordinadora del Proyecto de Medicina Tradicional Xiloxochico, Municipio de Cuetzalan del Progreso. Teléfono y fax (52 233) 331-0480. Correo electrónico: maseualsiua@laneta.apc.org

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