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El acceso al agua y al saneamiento

El derecho al agua - 1

Christophe GOLAY

11 / 2009

El tema del acceso al agua y al saneamiento en el mundo es una problemática es­pecialmente compleja. Aunque se podría pensar que el “planeta azul” posee recur­sos ampliamente suficientes para satisfacer todas las necesidades de agua, la realidad es sensiblemente diferente (1). En efecto, entran en competencia numero­sos usos del agua (2) y el hecho de que el uso para satisfacer las necesidades hu­manas básicas no sea prioritario sobre los demás usos, conduce a la situación actual, en la que miles de millones de personas no tienen acceso al agua potable ni al saneamiento (3).

a) El agua y la vida en el “planeta azul”

El agua, salada o dulce, representa el 70% de la superficie del globo terrestre, el agua se encuentra en los océanos, los casquetes glaciares, los icebergs, la nieve, las aguas subterráneas, los lagos y los ríos y su volumen corresponde aproximadamen­te a 1,4 millones de km3 (1).

Este impresionante volumen de agua otorga la tonalidad azul a nuestro planeta y nos hace pensar que la cantidad de agua disponible para las necesidades huma­nas, animales y vegetales es casi inagotable. Pero, desgraciadamente no es así, pues el 97,5% del agua acumulada en la superficie del globo, se encuentra en los océanos, lo que deja sólo un 2,5% de agua dulce. Además, sólo podemos utilizar una parte ínfima del agua dulce puesto que el 70% está congelada en los casquetes glaciares y los icebergs de la Antártida y de Groenlandia y, del resto, casi el total se encuentra en forma de humedad bajo el suelo o en los grandes acuíferos de agua fósil, que son demasiado profundos para ser explotados.

En total, tenemos acceso a 42 700 km3 de agua dulce, lo que corresponde al 0,1% del agua dulce y al 0,003% del agua total del planeta. Esta cantidad final, que pro­viene de las precipitaciones, se encuentra en los lagos, ríos y las capas freáticas (2). Aunque una parte de esta agua no pueda utilizarse porque debe correr y transpor­tar las aguas residuales, y otra parte no pueda contenerse en el momento de las crecidas, la cantidad de agua restante basta ampliamente para satisfacer las nece­sidades de agua de seis a diez mil millones de personas (3).

Por desgracia, esta constatación global positiva ha de relativizarse según las regio­nes. El que el total de agua disponible provenga de las precipitaciones significa que doce países controlan las tres cuartas partes del agua terrestre – Brasil ve pasar so­bre su territorio 6 260 km3 de agua al año – mientras que una pequeña decena de pequeños territorios, situados en regiones secas o desérticas disponen de menos de un km3 al año (4). Las regiones más afectadas por la escasez de agua son África sep­tentrional y la península arábiga, donde casi todos los países tienen menos de 1000 metros cúbicos al año y por habitante, lo que se considera como el umbral de esca­sez (5).

b) Los diferentes usos del agua y la competición actual

La historia del hombre ha estado siempre vinculada a la historia del agua. Las pri­meras civilizaciones surgieron desde el 4º milenio a.C en torno a grandes ríos: el Ti­gres y el Éufrates, el Nilo y el Indo (6). La civilización mesopotámica y la egipcia utilizaban dichos ríos para regar las tierras y desarrollar la agricultura, mediante complejos sistemas de diques, canales y presas. También vertían en ellos los dese­chos domésticos a través de sistemas de evacuación de las aguas residuales.

Los griegos fueron los primeros en construir tuberías en largas distancias para con­ducir el agua hasta la ciudad y los romanos hicieron lo mismo trayendo el agua me­diante una red de acueductos de una longitud total de 500 km (7).

Las grandes ciudades (Jericó, Babilonia, Atenas, Cartago, Alejandría y Roma), con­sideraban la gestión del agua como una tarea esencial y los ingenieros que se en­cargaban de ella ocupaban un lugar destacado en la sociedad. Durante la Edad Media dejó de darse tal importancia a la gestión del agua y la situación se degradó con el paso de los siglos, hasta que a principios del siglo XIX, algunas ciudades alcanzaron niveles intolerables de contaminación de los ríos debido a los desechos domésticos (8). En­tonces, surgieron serias reflexiones y, a mediados del siglo XIX, los científicos de­mostraron que la cantidad de agua y su conducción no bastaban para que estuviera limpia y que de la calidad del agua dependía la salud de la población (9).

Comenzó entonces la revolución de la higiene en las grandes ciudades europeas que, al cabo de algunas décadas, llevó agua potable y red de saneamiento a la po­blación. Esta revolución, basada en un tratamiento de los desechos y de las aguas residuales, fue el factor esencial del descenso de la mortalidad en las ciudades eu­ropeas de principios del siglo XX.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, se añadieron a la agricultura y a las necesidades domésticas otros usos del agua, tales como la navegación a vapor, la pro­ducción de energía hidroeléctrica y la producción industrial (10).

Todos estos usos se multiplicaron en el siglo XX, durante el cual el consumo de agua se decuplicó. El uso del agua para fines agrícolas se ha más que sextuplicado, entre 1900 y 2000, pasando de 500 km3/año a más de 3000 km3/año, principalmente para responder al aumento de la población mundial (11). El uso del agua para necesidades industriales y domésticas ha aumentado todavía más rápidamente, para responder, al mismo tiempo, al boom demográfico y al aumento del consumo individual ligado al proceso de urbanización y a los nuevos modos de vida; por ejemplo, se necesitan 280 000 litros de agua para producir una tonelada de acero y 700 litros para un kilo de papel (12).

En el siglo XX, el paso de una agricultura tradicional a una industrial, que utiliza masivamente productos tóxicos (13), añadida al no-tratamiento de los desechos do­mésticos e industriales (14), conllevó a la contaminación de la mayoría de los ríos y capas freáticas, donde el agua ha llegado a ser inutilizable (15).

En numerosos países, la mala gestión de los recursos del agua también ha dismi­nuido la cantidad de agua disponible por la sobreexplotación de capas freáticas (16). La construcción de reservas y otras grandes obras (presas) ha causado, no sólo la contaminación del 60% de los 227 ríos más importantes del planeta, sino también, el desplazamiento de 40 a 80 millones de personas, desde el año 1950 (17).

A principios del siglo XXI, la agricultura intensiva representa más del 60% del con­sumo mundial de agua, las actividades industriales más del 20% y el consumo do­méstico el 10%. A estos usos se añade el de la navegación y la producción de energía hidroeléctrica. Entre estos diferentes usos, los conflictos son siempre más severos, a medida que la cantidad de agua disponible por habitante disminuye.

De todos los conflictos por el uso del agua, el más importante es el conflicto campo-ciudad.

La urbanización conlleva un aumento exponencial del consumo de agua en las ciu­dades, ya que se ha triplicado en menos de veinte años. Esto plantea enormes pro­blemas a la hora de compartir los recursos con las zonas rurales. Los nuevos ciudadanos se encuentran generalmente en chabolas o en la periferia de la ciudad donde los servicios de aprovisionamiento y de saneamiento son insuficientes. Para responder a estas nuevas necesidades, hay que buscar agua cada vez más lejos, y es frecuente que sea el agua de los campos el que se reconduzca a las aglomeracio­nes. La demanda de electricidad de las ciudades plantea problemas similares, pues la respuesta es generalmente la construcción de presas en zonas rurales para pro­ducir energía hidroeléctrica, en detrimento del uso del agua para la agricultura.

El segundo conflicto más importante es el conflicto privado-público/comunitario. En las zonas rurales, las empresas privadas, sobre todo mineras, amenazan frecuentemente el acceso al agua de los pueblos (18). En las zonas urbanas, es la gestión del agua por las empresas multinacionales la que entra en conflicto con los objetivos de la gestión pública, como lo pudimos ver hace algunos años durante “la guerra del agua” en Bolivia (19). A escala mundial, la mayoría de los sistemas de saneamiento y de distribución del agua siguen en manos públicas y, al contrario de algunas ideas preconcebidas, éstas proporcionan aún los “mejores servicios de abastecimiento en agua y en saneamiento” (20). Pero en algunos países como Argentina (21), Bangladesh, Colombia, Costa de Marfil, Hungría, Indonesia, Madagascar, México, Marruecos, Nepal, Nigeria, Pakistán, Filipinas, Senegal, Sri Lanka y Túnez (22) han sido privatizados. Es más, sólo dos compañías, Veolia Medioambiente y Suez Lionesa de Aguas, controlan la mayor parte de concesiones privadas en el mundo, con el único objetivo de obtener beneficios. Al ampliar las redes de agua, las compañías privadas aumentan también el precio que hay que pagar para tener acceso, y no siempre invierten en las infraestructuras y en el mantenimiento de los sistemas de distribución, en detrimento del derecho al agua de los más desfavorecidos (23).

Si estos conflictos plantean problemas, en términos de decisiones políticas en cuanto a la gestión del agua en un mismo país, son casi imposibles de gestionar cuando se trata de compartir el agua entre varios Estados. Ahora bien, en el plane­ta, 250 ríos internacionales responden a las necesidades del 40% de la población mundial. Estos ríos son casi todos sobre explotados y su uso ocasiona numerosos conflictos de repartición entre los Estados ribereños.

c) El acceso al agua y al saneamiento en el mundo

Es poco usual que los Estados den la prioridad a satisfacer las necesidades prima­rias de las personas más vulnerables cuando toman decisiones sobre los diferentes usos del agua. Estas necesidades básicas engloban el acceso al agua potable, al sa­neamiento y al agua que se necesita para la agricultura de subsistencia. En caso de conflicto, los Estados, en general, dan la prioridad a los intereses económicos e in­dustriales, cuyos representantes tienen mucha más influencia. Así pues, en casi to­dos los países, la parte de presupuesto nacional destinada a las políticas encaminadas a mejorar el acceso al agua y al saneamiento de los más vulnerables es poco significativa, al igual que sucede con la ayuda al desarrollo (24).

Estas decisiones políticas son la principal causa de que en el mundo hoy 1,1 mil millones de personas no tenga acceso al agua potable y 2,6 mil millones no goce de sistemas de saneamiento de base (25). Esta situación tiene consecuencias dramáticas puesto que muchas enfermedades están directa o indirectamente vinculadas con la calidad del agua:

  • 4 mil millones de casos de diarrea provocan al año 2,2 millones de muertes y el 10% de la población de los países en vías de desarrollo sufren infecciones intestinales;

  • 2 millones de muertes cada año son consecuencia del paludismo, enfermedad que afecta a cerca de 100 millones de personas;

  • 6 millones de personas se vuelven ciegas a causa del tracoma, enfermedad ocular contagiosa;

  • 200 millones de personas sufren esquistosomiasis, una grave enfermedad parasitaria (26).

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) describe los ataques a la dignidad humana que representa esta situación de la siguiente manera: “Care­cer de acceso al agua y saneamiento es un eufemismo políticamente correcto para hablar de una privación que amenaza la vida, destruye las oportunidades y socava la dignidad humana. No disponer de acceso al agua significa que la gente debe re­currir a acequias, ríos y lagos contaminados con excrementos humanos o animales o utilizar la misma agua que los animales. También implica no disponer de agua suficiente para cubrir ni siquiera las necesidades humanas básicas” (27).

Estas condiciones de vida indignas consolidan la exclusión política, económica y social de los grupos más vulnerables. Las necesidades humanas básicas podrían ser satisfechas utilizando una pequeña parte de los recursos de agua disponibles, pero se les da prioridad a las actividades económicas e industriales, que no respe­tan los criterios de desarrollo sostenible, grandes consumidoras de agua y fuentes de contaminación.

La repartición del agua entre los diferentes usos es, por lo tanto, resultado de deci­siones y de relaciones de poder políticas y económicas. Como lo ha escrito el PNUD: “la crisis del agua tiene su origen en la pobreza, la desigualdad y relaciones de poder desiguales así como en las políticas de gestión del agua inadecuadas que agravan la escasez de la misma” (28).

Para tratar de aportar una solución a los conflictos entre los diferentes usos del agua, los Estados adoptaron en 1997 la Convención de las Naciones Unidas sobre el derecho de los usos de los cursos de agua internacionales para fines distintos de la navegación (29). Esta convención es interesante, en particular, porque otorga la prioridad al uso de las aguas transfronterizas para satisfacer las necesidades hu­manas básicas, incluyendo el abastecimiento de agua potable y del agua para la agricultura de subsistencia (30). Desgraciadamente, esta convención no ha entrado en vigor ya que no se alcanzaron las 35 ratificaciones necesarias.

Para obligar a los gobiernos a ceder la prioridad a las necesidades humanas esen­ciales en sus presupuestos y en sus decisiones políticas, se ha puesto especialmen­te énfasis, estos últimos años, en la promoción y en la protección del derecho al agua y del derecho al saneamiento (31).

(1) Según la UNESCO, el volumen total de agua de nuestro planeta se eleva a 1’454 millones de km3, lo que equivaldría “a una capa de agua de 2650 metros de profundidad uniformemente repartida sobre toda la superficie de la tierra”. Cf. UNESCO, “Agua: recursos y consumo” in Sources UNESCO, número 13, marzo de 1990, p. 6.
(2) Para una explicación detallada del ciclo del agua y de los recursos en agua, Cf. E. Drouart, J-M. Vouillamoz, Alimentation en eau des populations menacées, Ed. Hermann, Paris,1999, pp. 31-64.
(3) J. Illueca y W. Rast constatan que “teóricamente” hay suficientemente agua dulce en el planeta para cubrir las necesidades de una veintena de miles de millones de habitantes. Cf. J. Illucca, W. Rast, “Précieuse, limitée et irremplaçable” in Notre planète (la revista por el desarrollo sostenible del PNUE), volumen 8, número 3, 1996, p. 19.
(4) Los doce gigantes mundiales en términos de recursos en agua son Brasil, Rusia, Canadá, China, Indonesia, Estados Unidos, Bangladesh, India, Venezuela, Myanmar, Colombia y el Congo. Entre los pequeños territorios que disponen de menos de un km3 de agua por año, se encuentran Jordania, Chipre y Libia.
(5) El mundo árabe, que cuenta con más del 4% de la población mundial, sólo goza del 0,7% de los recursos hídricos del planeta.
(6) H. Manéglier, Histoire de l’eau, du mythe à la pollution, Ed. F. Bourin, Paris, 1991 y R. Clarke, Water: The International Crisis, Earthscan Publications Ltd, Londres,1993.
(7) H. Magnélier, op. ya citado, p. 183.
(8) H. Magnélier, op. ya citado, el autor constata que “la ciudad [Paris] se hundía lentamente en sus propias deyecciones”, p. 197.
(9) H. Magnélier, op. ya citado, p. 195 y también R. Clarke, op. ya citado, pp. 4-5.
(10) La producción industrial usa el agua de los ríos agente de enfriamiento o como elemento de limpieza.
(11) El aumento del consumo mundial de agua sigue una curva exponencial, que es muy preocupante. El consumo mundial ha pasado de 500 km3/año a 1000 km3/año de 1900 a 1940, después de 1000 km3/año a 3000 km3/año de 1940 a 1980, final­mente de 3000 km3/año a 5000 km3/año de 1980 a 2000. G. Mutin, “De l’eau pour tous ?” in La documentation française, bimestral n°8014, abril de 2000, p. 1.
(12) CETRI, “L’eau, patrimoine commun de l’humanité” in Alternatives Sud, vol. 8 2001/4.
(13) R. Petrella, Le manifeste de l’eau : pour un contrat mondial, Cahiers libres, Lausanne, 1999, pp. 29-31.
(14) En la mayoría de los países industriales, las estaciones de depuración no llegan a comunicar al conjunto de la población - por ejemplo, en el año 2000, la cobertura era de 66% en Canadá y de 52% en Francia. G. Mutin, « De l’eau pour tous ? », ya citado, p. 6. La situación es todavía mas problemática en los países en desarrollo, donde hay muy poca inversión por la colecta de las aguas sucias y su tratamiento. Según el PNUD, más del 90% de las aguas sucias de los países en desarrollo van directo en los ríos, sin nigun tratamiento de antemano. PNUD, Informe sobre el desarrollo humano 1998, p. 76.
(15) La tasa de pesticida aumenta en los ríos y en las capas freáticas en todas las regiones del mundo. En 2000, la eutrofización que se deriva (degradación del equilibrio biológico para la disminución del oxigeno disuelto) afectaba al 54 % de los lagos y ríos en Asia, al 53 % en Europa, al 48 % en América del Norte, el 41 % en América latina y el 28 % en África. G. Mutin, “De l’eau pour tous?” in La documentation française, bimestral n°8014, abril de 2000, p. 6.
(16) Es especialmente el caso de China, México, Tailandia, el oeste de Estados Unidos, África del Norte y Oriente Medio. Cabe destacar que si los ríos se renuevan al cabo de 12 días, las aguas subterráneas se renuevan al cabo de 5000 años. UNESCO, “Agua : recursos y consumo” in Sources UNESCO, número 13 de marzo de 1990, p. 6.
(17) Informe del PNUE presentado durante la Cumbre Mundial por el Desarrollo Sostenible (Johannesburgo del 26 de agosto al 4 de septiembre 2002).
(18) FIAN, Idenfying and Addressing Violations of the Human Right to Water. Applying the Human Rights Approach, Bread for the World, Stuttgart, 2006.
(19) Leer el Boletín de informaciones n°22 del CETIM, marzo de 2005, www.cetim.ch/fr/documents/bul22esp.pdf
(20) Comisión de Derechos Humanos, Informe anual del Relator Especial sobre el derecho a la vivienda adecuada como elemento para un nivel de vida adecuado, Miloon Kothari, E/CN.4/2002/59, § 62, 1 de marzo de 2002.
(21) Para este país, la red está parcialmente privatizada.
(22) Comisión de Derechos Humanos, Informe anual del Relator Especial sobre el derecho a la alimentación, J. Ziegler, E/CN.4/2004/10, §39, 9 de febrero de 2004.
(23) Cf. especialmente R. Petrella, Le manifeste de l’eau : pour un contrat mondial, Cahiers libres, Lausanne, 1999.
(24) PNUD, Informe mundial sobre el desarrollo humano 2006. Más allá de la penuria: poder, pobreza y crisis mundial del agua, 2006.
(25) Ídem.
(26) Informe del PNUE presentado durante la Cumbre Mundial para el Desarrollo Sostenible (Johannesburgo del 26 de agosto al de 4 de septiembre de 2002), ya citado.
(27) PNUD, Informe mundial sobre el desarrollo humano, 2006, ya citado, p. 5.
(28) Ibid, Prefacio, p. v.
(29) Esta Convención ha sido adoptada en la resolución 51/229 de la Asamblea General del 21 de mayo de 1997.
(30) Ver Asamblea General, Informe de la Sexta Comisión reunida en grupo plenario A/S1/869 ; p. 6 y Comentario de la Comisión de Derecho Internacional, A/CN.4/SER.A/1994/Add. 1, Part. 2.
(31) Leer E. Riedel, P. Rothen (eds), The Human Right to Water, Berliner Wissenschafts-Verlag, Berlín, 2006.

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