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Rescatando biodiversidad en Colombia: Entrevista a Germán Vélez

Carlos Vicente

12 / 2003

¿Cómo iniciaste tu trabajo con la biodiversidad agrícola?

El primer acercamiento al trabajo con la biodiversidad lo tuve entre 1988 y 1994 con comunidades indígenas de la amazonía colombiana. Estuvimos esos años viviendo y conviviendo con comunidades amazónicas e investigando como funcionan los sistemas agroforestales de chacras indígenas. Realizamos investigaciones sobre la diversidad agrícola y la complejidad cultural alrededor de la agricultura amazónica y ese fue el primer acercamiento a nivel de los grupos indígenas y de las poblaciones locales.

Posteriormente cuando regresé a Bogotá me incorporé al grupo Semillas de la Fundación Swissaid y con ellos empezamos a hacer trabajos de apoyo y asesoría a las organizaciones indígens, negras y campesinas de diferentes regiones del país en temas de recuperación, conservación y manejo de la diversidad y del conocimiento tradicional. Se inició el trabajo brindando apoyo en el tema de la recuperación y manejo de las semillas locales pero también mirándolo integralmente con el contexto político. A mediados de la década del 90 comenzó a surgir la preocupación de los grupos locales por el tema de la privatización de la vida, las patentes y los derechos colectivos y así surgió la necesidad de hacer un trabajo integrado de cómo recuperar y rescatar las semillas locales pero también dándole la dimensión y el componente de la problemática política y de la gestión pública en torno al manejo de los recursos genéticos. Entonces se fue consolidando el trabajo de asesoría y acompañamiento a las organizaciones acerca de cómo buscar estrategias de defensa y control local de sus recursos y de cómo dimensionar las políticas públicas alrededor del tema.

¿Cómo te impactó personalmente la convivencia con la realidad de los pueblos amazónicos, más allá de la investigación?

Esta fue una experiencia muy interesante pues fue una oportunidad para replantear y reeducar toda la concepción que tenía de la agricultura. Tú sabes que cuando uno sale de la universidad sale con todas las taras y la dimensión que te da la educación formal, pensando en la agricultura convencional y llegas a un sitio donde primero debes desaprender lo que habías estudiado y luego aprender a mirar el mundo, el medio ambiente, los medios productivos y la cultura de una forma integrada, mucho más con la complejidad que tiene este mundo indígena. Esto me permitió tener otro tipo de mirada y de aprendizaje respecto de la agricultura y desarrollar una sensibilidad hacia los pueblos indígenas y campesinos que tienen otro esquema de agricultura diferente al convencional.

¿Cómo nace la revista Semillas en este proceso?

La revista Semillas nace precisamente a raíz del trabajo con las comunidades indígenas y campesinas en el tema de la recuperación y manejo de la biodiversidad y el contexto político alrededor de la problemática de la diversidad. Se vio la necesidad de tener un medio de comunicación, inicialmente con las comunidades locales, para que pudieran conocer la dimensión política del tema y también para que pudieran tener un espacio para que las propias comunidades plasmaran sus experiencias locales en el manejo de la biodiversidad. La revista tiene dos partes, una para temas generales de contexto y otra de experiencias locales de manejo de la biodiversidad. Allí el énfasis que le damos y la prioridad es que la mayoría de los artículos sean escritos por las mismas organizaciones locales, para que ellas tengan ese espacio de reflexión y de intercambio, para que ellas mismas puedan tener una mirada desde sus experiencias y poder compartirla con otros grupos. Lo que le da una característica única a la revista al darle un espacio tan importante a la palabra de las mismas comunidades. Ese es el objetivo, aunque a veces es un reto difícil esto de poner a escribir a la gente local; tú lo debes conocer por la revista Biodiversidad. Este es un trabajo que le da mucha fuerza y dimensión a las organizaciones locales, que normalmente no tienen espacios para escribir sus experiencias. La idea es ayudar un poco a las organizaciones a ordenar esas ideas para poderlas plasmar en un documento, porque a veces ellas tienen dificultades para hacer este tipo de documentación. Pero creo que es un buen ejercicio que les ha ayudado mucho a avanzar en procesos de sistematización y de registro de sus experiencias

¿Cuántos años tiene la revista?

Sale desde el año 1994; estamos ahora en el número 20. Se publican dos números al año, ocasionalmente tres. Un factor limitante es que no tenemos un equipo encargado de la revista y también nos cuesta lograr los artículos de las organizaciones, a veces estamos tres o cuatro meses detrás de los grupos para que nos entreguen los artículos; por eso hemos decidido preparar dos números de mayor volumen. Al publicar semestralmente tenemos más posibilidad de juntar los materiales. Además del rescate práctico de las semillas locales ¿qué han hecho en el tema político de los derechos colectivos? Hemos trabajado mucho en actividades de capacitación y de sensibilización a los grupos locales sobre la problemática de la privatización de la vida, los mecanismos de defensa y control de los recursos locales. Con algunos grupos se ha trabajado para diseñar estrategias de control interno de sus territorios, porque cuando hablamos del control de la biodiversidad no es un elemento aislado de la integralidad de los derechos colectivos, porque para poder defender la biodiversidad primero hay que poder defender el territorio. Hace algunos años se trabajó mucho en proyectos con comunidades indígenas diseñando estrategias de control interno de defensa de los territorios, diseñando mecanismos tanto desde el ámbito jurídico formal como desde el ámbito informal. Estrategias para establecer algunos reglamentos y lineamientos de las organizaciones locales para los agentes externos que interactúan en los territorios o con los grupos locales. Algunos grupos avanzaron parcialmente, otros más fuertemente en diseñar estrategias de control de las investigaciones que se hacen en los territorios locales, en poder dimensionar y entender un poco los diferentes actores que interactúan en las comunidades para establecer un vínculo de relación mucho más transparente, más acorde con el reconocimiento de estos derechos colectivos. Ese tipo de dinámica se ha hecho a través de talleres, seminarios y encuentros donde algunos grupos han abordado este tema en forma muy integral con el tema de la soberanía alimentaria y la búsqueda de estrategias y alternativas alrededor de la biodiversidad. Las comunidades han ido trabajando este tema de la recuperación y manejo de la biodiversidad local con el componente de la importancia de su seguridad alimentaria, pero también dimensionando el tema político alrededor de por qué es importante defender la biodiversidad, alrededor de la problemática de la privatización y de los transgénicos y entender de donde viene el colapso de la agricultura local a partir de los acuerdos comerciales que están influyendo en la agricultura local y nacional. Hacemos muchas actividades de capacitación y asesoría alrededor de estos temas, para que las organizaciones se vayan mejorando en calidad y entendiendo un poco la dimensión política alrededor de la defensa de la biodiversidad.

Colombia ha pasado a ser importador de maíz, según me has comentado recientemente.

Sí, lo que ha pasado en Colombia es dramático. Nosotros en diez años hemos dejado de ser autosuficientes a nivel alimentario para ser importadores netos de alimentos. Actualmente importamos 8 millones de toneladas de alimentos al año, de los cuales 2 millones son de maíz que corresponden al 75% del consumo nacional. Y de soja importamos el 85%, sólo por hablar de los dos cultivos más críticos y cuestionados de los transgénicos. Pero también importamos papa, arroz, yuca y otros alimentos básicos que producía Colombia y que incluso exportábamos. Esa dimensión política y económica, que hay detrás de esta crisis es un poco lo que se ha venido trabajando con las comunidades para que tengan más herramientas para saber como enfrentar estos aspectos.

Al discutir las comunidades el tema del acceso a la biodiversidad ¿trataron en algún momento una moratoria a la bioprospección o al acceso a los recursos genéticos?

Hace algunos años se discutió bastante ese tema. Quien estuvo al frente de estas propuestas de moratoria a la bioprospección fue el ex-senador Lorenzo Muelas, con quien trabajamos muy coordinadamente cuando estuvo en el Congreso. Muchas organizaciones en esa época (del 95 al 98) tomaron esa posición con fuerza, especialmente organizaciones indígenas que tomaron la decisión de cerrar algunas puertas a la bioprospección en forma parcial y otras en forma total. Hay algunas organizaciones que continúan con esa dinámica de no aceptar investigaciones externas en sus territorios hasta tanto no hayan condiciones más claras sobre qué es lo que está pasando y cómo proteger sus derechos colectivos, derechos sobre la biodiversidad y no sólo evitar la biopiratería. Definitivamente en los últimos años este tema ha estado un poco relegado por varios motivos; uno es porque, en realidad, en Colombia actualmente hay muy poca gente que esté haciendo trabajo activo en estos temas. El otro motivo es el tema de la guerra, que también ha puesto en un segundo plano a todas estas discusiones. Los grupos indígenas están más centrados y preocupados por el tema del desplazamiento y por la supervivencia en medio del conflicto. Sobre todo luego de que las comunidades también bajaron las expectativas acerca de las posibilidades que pueden existir en los marcos jurídicos tanto a nivel nacional como internacional, porque todos sabemos que casi hemos perdido la posibilidad de cambiar o avanzar en estos escenarios políticos normativos en el reconocimiento de los derechos.

Sí, creo muy importante que transmitas esta visión desde Colombia pues allí se ha hecho mucho trabajo en la búsqueda de derechos sui generis, de legislaciones adecuadas, de legislación para el acceso. Y que hoy se viva esta experiencia directa y que se vea que este no es el camino, es muy importante.

Claro. Y lo importante es ver el proceso que se vive ahora en Colombia en medio del conflicto, en medio de la crisis de la agricultura. Uno ve muchas luces de esperanza que dicen que las comunidades locales tienen una gran fortaleza y fuerza en la capacidad de resistencia civil ante toda esta arremetida. Y a pesar de todo uno ve florecer por todo el país un montón de iniciativas locales de manejo de la biodiversidad, desde el enfoque agroecológico en contraposición a esta arremetida y es que las comunidades cada día se dan cuenta de que el modelo que les están promoviendo e imponiendo ha fracasado totalmente y ven como única alternativa consolidarse como grupos agroecológicos y buscan la agricultura orgánica, o sea que no se sientan a esperar que las iniciativas vengan del sector gubernamental. Han surgido infinidad de propuestas y de trabajos locales, muchos de ellos de una forma muy aislada pues por efecto del conflicto las organizaciones de primer, de segundo y de tercer nivel han sido en cierta forma desvertebradas y desmembradas. Pero a pesar de eso los grupos siguen en esta dinámica y cada vez hay más reuniones, talleres y encuentros. Precisamente este fin de semana estaba en un taller de soberanía alimentaria donde había más de 250 personas de todo el país, en una feria hermosísima de semillas y con discusiones alrededor de toda esta temática. Los encuentros sobre biodiversidad no son para hablar de lo bonito que son las semillas e intercambiarlas sino también para dimensionar el problema alrededor de la biodiversidad, de las políticas, del ALCA, de los transgénicos y cada día la gente va armando redes a nivel local y a nivel regional y consolidando dinámicas a nivel nacional y mirando un poco como incorporarse a las dinámicas internacionales. Por ejemplo, en esta última reunión estuvimos analizando cómo incorporarnos a la Campaña Mundial de las Semillas de la Vía Campesina, cómo articular todos estos grupos locales hacia esa globalización de las luchas en defensa de la biodiversidad y del contexto político.

Claro, la visión es que se espera menos de los gobiernos tanto a nivel nacional como a nivel internacional de los foros como Naciones Unidas, pues la gente ha decidido tomar la soberanía alimentaria en sus propias manos porque ese es el único camino posible. Exacto. Eso es.Yo veo que esto pasa en Argentina, en Chile y en América Latina en general, pero ustedes lo viven en una situación muy especial, una situación de guerra, con el Plan Colombia en vigencia ¿Qué papel juega la situación de guerra, cómo influye en las comunidades?

La situación de guerra impacta porque la guerra uno de los primeros efectos que tiene es que rompe todos los tejidos sociales, especialmente en el campo, pues donde más se sufre y donde más se vive la guerra es en el campo. Esto significa que grupos indígenas, grupos campesinos y comunidades negras han sido los más afectados por el desplazamiento forzado que los ha obligado a salir de sus territorios. En los últimos diez años han sido desplazadas casi tres millones de personas de los territorios locales y las más golpeadas han sido las comunidades campesinas e indígenas. Esto ha tenido impactos muy grandes en la seguridad alimentaria, en la pérdida de la biodiversidad. Porque tú sabes: cuando una comunidad o una familia es desplazada lo primero que se pierde son sus recursos locales, especialmente sus semillas, sus animales y muchas de estas variedades locales. Sobre todo en territorios donde ya vienen siendo amenazadas por el modelo de la Revolución Verde y por todas las otras políticas globales y nacionales. Muchos no pueden regresar a sus territorios, muchas de estas variedades se han perdido y eso afecta mucho los sistemas productivos, el conocimiento tradicional y la totalidad de la biodiversidad.

¿Ustedes han trabajado con comunidades desplazadas?

Con algunas sí. La Fundación Swissaid trabajaba mucho con poblaciones en las zonas de conflicto; muchas de ellas han sido desplazadas, otras han tenido la posibilidad de retornar y con ellas hemos trabajado este tema de la recuperación de la biodiversidad y su seguridad alimentaria en medio del conflicto. En estas condiciones, incluso hay algunas experiencias muy interesantes de poblaciones indígenas que fueron desplazadas totalmente y que pudieron recuperar sus semillas locales después de estar casi un año fuera de sus territorios, pero estos son casos donde fue posible. Hay muchísimos casos en el país donde las poblaciones desplazadas sencillamente viven miserablemente en las ciudades, no retornan a sus territorios y allí sí hay problemas porque muchos de estos desplazamientos están relacionados con el conflicto, con el control de los territorios, que tiene que ver con los grupos armados y los megaproyectos. Las poblaciones han sido desplazadas o el conflicto se ha acentuado especialmente en las zonas donde existen intereses económicos y también grandes proyectos mineros, hidroeléctricos y grandes vías de penetración; incluso también proyectos de bioprospección de ecosistemas estratégicos de alta megabiodiversidad.

Todo esto se conjuga alrededor del contexto de la guerra, en la que está también involucrado el narcotráfico y el control del territorios por los grupos armados; se controlan territorios por uno u otro bando y la población queda en el medio del sandwich entre los sectores armados sin ninguna posibilidad de organizarse, ni de consolidar sus procesos locales alrededor de sus sistemas productivos. Esa es la dificultad que tenemos en algunas organizaciones donde se ha trabajado en la recuperación de sus sistemas productivos en el conflicto; pero cuando vuelven nuevamente las condiciones del conflicto, al ser desplazadas, otra vez gran parte del trabajo se pierde. Consolidar una propuesta de este tipo requiere estabilidad o cierta estabilidad a largo plazo para que la misma tenga continuidad. Pero, a pesar de ello, en el país, como las mismas comunidades han diseñado sus propias estrategias para poder avanzar y no dejar que estas alternativas se caigan, tenemos experiencias muy valiosas de grupos locales que llevan diez o quince años consolidando sus trabajos de manejo agroecológico y de la biodiversidad.

Mots-clés

agronomie, accès à la terre, biodiversité, patrimoine génétique


, Colombie

Notes

Entrevista realizada por Carlos Vicente en diciembre de 2003. Germán Vélez es Ingeniero Agrónomo, integrante del Grupo Semillas de Colombia, director de la revista Semillas en la economía campesina e integrante del Consejo Asesor de Biodiversidad. Germán puede ser contactado en semil@attglobal.net y el sitio de la revista es www.semillas.org.co.

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