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Desafíos políticos y organizativos de los movimientos campesinos de América Latina

(Parte I)

João Pedro Stedile

03 / 2011

Esse texto foi apresentado para debate no V Congresso da CLOC é uma síntese dos princípais desafios que estão postos para as organizações camponesas da América Latina. A partir de uma análise das trasnformações econômicas que caracterizam a produção agrícola no continente, são apresentadas algumas medidas e proposições necessárias para a implementação dos objetivos estratégicos da CLOC.

El advenimiento de la nueva fase del capitalismo, en que sus empresas y corporaciones se internacionalizaron, trajo como contradicción – lo que obligó a los movimientos campesinos, por regla general más preocupados con temas locales y nacionales - a también se internacionalizaren. Así, desde la década de 1990, se multiplicaron iniciativas y articulaciones internacionales entre los más diferentes movimientos campesinos del mundo.

Y de esas articulaciones resultaron en la formación de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC-Vía Campesina) así como otras iniciativas semejantes en Europa, África y Asia. Y de ellas, nació entonces La Vía Campesina, como una articulación internacional de intercambio de experiencias, unidad, principios, debates de ideas y de construcción de movilizaciones conjuntas, para enfrentar los enemigos comunes a nivel internacional, como son las empresas transnacionales, las semillas transgénicas, los acuerdos internacionales (OMC, Banco Mundial) que sólo interesan al capital y son aplicados contra los campesinos.

De todo ese intercambio y reflexiones colectivas y de las experiencias que fueron se acumulando en los encuentros bilaterales y en las Conferencias Internacionales, podemos recoger la síntesis de cuáles son los principales desafíos que hoy enfrenta el movimiento campesino a nivel internacional, y en especial de América Latina, es decir, que son comunes a todos países, pero que necesitan ser enfrentados a nivel nacional, por nuestros propios movimientos:

1. Transformar la lucha por la tierra, en lucha por el territorio

La lucha por la tierra no es más sólo la lucha por un espacio de trabajo, de producción para la supervivencia y reproducción de la familia campesina. La lucha por la tierra necesita ser enfrentada como una necesidad colectiva, de todas las comunidades en la defensa del territorio. Ahora, se trata más que una necesidad individual y familiar de los campesinos que no tenía tierra para trabajar para sí, en una necesidad de resistencia de toda la comunidad campesina. Una necesidad de la clase campesina de defender su espacio territorial frente a los intereses del capital, para poder sobrevivir y resistir como clase. Antes, la disputa por la tierra era sólo para librarse de la renta de la tierra y de la explotación del trabajo que los campesinos sin-tierra sufrían del latifundista y de los gran propietarios de la tierra. Hoy, la tierra es disputada por el capital, para controlar las semillas, el agua, la biodiversidad, la minería, los ríos y la producción de mercancías agrícolas por regla general. Así, ¡la lucha por la reforma agraria debe ser llevada adelante por todas las categorías de campesinos y campesinas y de trabajadores y trabajadoras del campo, y no sólo por los sin-tierras!

2. Construir un nuevo modelo de producción agrícola controlado por los trabajadores y campesinos

Los campesinos están acostumbrados históricamente a defender sólo sus intereses inmediatos. Y por eso luchan para tener tierra, luchan por mejores precios, luchan por mejores condiciones de vida en sus comunidades, representado por la conquista de la luz eléctrica, de mejores carreteras, de escuelas y servicios públicos.

Ahora que está en partido dos modelos de producción agrícola, ¿cómo vamos a utilizar nuestras tierras y territorios? ¿Si servirá para acumulación del capital de algunas empresas que los usan sólo para producir mercancías y tener lucros con la naturaleza o vamos a dar una función social, que interesa a los que viven en medio rural y a toda la sociedad? Por lo tanto, se puede ver que está en disputa dos modelos de ocupación y utilización de las tierras y de los territorios. Y ellos son incompatibles.

Estamos conscientes que el modelo de dominio del capital sobre la producción y la naturaleza pone en peligro la propia supervivencia de la biodiversidad, de la naturaleza y de los seres humanos, pues es una forma predatoria e irresponsable socialmente que reconoce sólo el lucro fácil y rápido. Y traerá graves consecuencias para el equilibrio del medio ambiente y para la salud de las personas. Por lo tanto, es un imperativo, una necesidad que derrotemos el proyecto del capital para la agricultura.

3. Enfrentar los intereses de las empresas transnacionales y sus mecanismos de control

Anteriormente, durante la fase del capitalismo mercantil e industrial sobre las comunidades rurales, los enemigos principales de los campesinos aparecían como los grandes proprietarios de tierra, las oligarquías locales y los comerciantes especuladores, que exploraban los campesinos y los impedían de reproducirse como clase. Ahora, hay una nueva clase de enemigos comunes de la clase campesina en todos los países: son las grandes corporaciones transnacionales que controlan territorios, producción, tecnología, insumos, precios y el mercado mundial de las mercancías agrícolas. Esas empresas actúan en sociedad y financiadas por el capital financiero. Por lo tanto, el nuevo y poderoso enemigo común de todos los campesinos y campesinas del mundo se amplió. Los campesinos y campesinas necesitan identificarlos y actuar para impedir su avance, como una condición de supervivencia como clase y como condición para mejorar sus condiciones de vida.

4. Construir una nueva matriz tecnológica basada en la agroecología

Durante el siglo XX los campesinos por regla general fueron engañados por la campaña intensiva del capital industrial de que la única forma de aumentar la productividad del trabajo y de las áreas cultivadas sería por la utilización intensiva de los insumos producidos por la industria: máquinas, adobos químicos, fertilizantes por regla general y los herbicidas. Durante todo siglo se desarrolló entonces esa matriz de producción basada en productos químicos de la industria y maquinaria en escaladas cada vez mayores.

Muchos campesinos se ilusionaron y habían pasado a adoptarla. No percibieron de que adoptar la matriz tecnológica del capital, sería más para allá de trabajar para pagarlos, equipararse a los hacendados capitalistas. Y al equipararse a los métodos productivos de ellos, no tendrían condiciones de competir en escala con los capitalistas. Lo qué resultaron perjuicios, quiebras y pierda de la tierra por parte de millones de familias de campesinos, en todo el mundo.

Los campesinos necesitan urgentemente, en todos los países, desarrollar un nuevo padrón, una nueva matriz tecnológica de producción agrícola. Una matriz que posibilite aumentar la productividad de su trabajo y aumentar la productividad de las labranzas cultivadas, pero en equilibrio con el medioambiente, para que se produzca más pero de forma saludable. Y esa matriz tecnológica, se resume en las técnicas aglutinadas por la agroecología.

Pero para eso necesitamos un enorme esfuerzo para recoger las prácticas y los conocimientos de la sabiduría popular existentes hacen décadas y pasadas de generación en generación en nuestras comunidades. Necesitamos sistematizar esos conocimientos científicos, aglutinarlos y desarrollar los cursos superiores de agronomía basados en la agroecología. La mayoría de las universidades y facultades de agronomía son dominadas por los intereses del capital y por ello desdeñan la agroecología como un ramo de la ciencia importantísimo. Cabe, pues a los campesinos y sus organizaciones recuperar y sistematizar esos conocimientos y organizar cursos superiores de agroecología en todos los países, para fundamentar científicamente una nueva matriz productiva, que interese a los campesinos, al equilibrio del medio ambiente y a toda la sociedad.

De ahí la importancia de los esfuerzos que La Vía Campesina está realizado en todo el mundo, y, en particular en América Latina, en corporación con diversos gobiernos progresistas y con catedráticos conscientes para organizar y multiplicar los cursos de agroecología en nuestras universidades asequibles a los jóvenes campesinos. A nivel continental hay que articúlalos en la red de Institutos Latinoamericanos de Agroecología - el IALA. Debemos desarrollar un esfuerzo para que en cada bioma de nuestros países y regiones tengamos cursos de agroecología que preparen agrónomos y sistematicen matrices de producción adaptados a cada uno de ellos.

Y a partir de esa nueva red de conocimiento y de apropiación de técnicas de producción de la agroecología aplicarlas en los programas de fomento rural y de asistencia técnica. En ese sentido, es muy importante la experiencia que los campesinos cubanos desarrollaron de la metodología de difusión de técnicas y conocimiento llamada de “Campesino a Campesino” en que los propios liderazgos campesinos son estimulados y se crean condiciones para que ellos repartan los conocimientos y experiencias con campesinos y campesinas de otras regiones. Hay que, pues desarrollar también nuevos métodos de difusión de las técnicas agroecológicas.

5. Implantar y garantizar escuelas en el campo, en todos los niveles

El acceso al conocimiento es tan importante cuanto tener tierra, controlar el territorio y producir mercancías. El conocimiento es el único que libera verdaderamente las personas. Conocimiento es cultura, es saber acumulado, es la ciencia que la humanidad va acumulando para entender y transformar el mundo.

Por eso es fundamental que los movimientos campesinos y las poblaciones que viven en medio rural tengan acceso al conocimiento. Pero el conocimiento es dictado en nuestras sociedades por los libros y por las escuelas.

Para cambiar eso, los movimientos campesinos necesitan transformar las escuelas en territorios ideológicos de la clase; incorporar en sus programas de lucha, las conquistas de las escuelas en todos los niveles, para jóvenes y adultos. Sea en la enseñanza fundamental (hasta la octava serie), sea en la enseñanza mediana hasta la enseñanza superior (universitario). Las escuelas necesitan estar en dónde el pueblo vive. Debemos impedir los programas que desplazan nuestros jóvenes y niños para la ciudad, como defienden muchos gobiernos, que va rompiendo las raíces del medio rural e imponiendo enormes sacrificios y va enajenando la juventud de su medio y su clase social.

Necesitamos luchar para que los programas y libros en todos los niveles de enseñanza estén adecuados con las necesidades de nuestro pueblo. Necesitamos luchar para que los profesores y educadores estén en sintonía con los intereses del pueblo. Necesitamos luchar para que toda la enseñanza en el medio rural y en la sociedad sea pública y gratuita, que sea asumido como un deber del estado y un derecho de la población.

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