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En Cúcuta ronda el miedo

La violencia paramilitar, con respaldo estatal

Martha CANTOR

10 / 2003

Colombia es un país suramericano afectado por violencia y una enorme descomposición social. Se divide territorialmente en departamentos. Norte de Santander es uno de ellos y está localizado en la frontera con Venezuela. Por tradición, este departamento vive inconvenientes de orden público en la provincia de Ocaña. También convive con cultivos ilícitos y fumigaciones en la región de El Catatumbo con químicos no permitidos. Con frecuencia se conoce de ajuste de cuentas entre grupos armados fuera de la ley denominados guerrilla y autodefensas.

La capital del departamento es Cúcuta, ciudad pequeña cuyas dificultades se relacionan con su dependencia económica del vecino país -debida a la inexistencia de una industria propia--, la falta de empleo y el cierre reciente de las fábricas de Bavaria y de las manufacturas en cuero y Coca Cola. Sus mayores problemas son la existencia de asentamientos humanos con baja calidad de vida en las afueras de la ciudad, cuyos habitantes llegaron por el desplazamiento forzado y una cuota muy elevada de personas involucradas en el conflicto. Una muestra de ello son las comunas 7 y 8 Ciudadela Juan Atalaya que reportan anualmente el 60% de las muertes violentas en Cúcuta.

Allí vive Natalia, una mujer cálida y activa que se interesa por las necesidades de su comunidad y quien se encarga de relatarnos la historia de la presencia paramilitar en su ciudad. Lleva tres años participando en el proceso de paz y señala que en su ciudad el Estado fomenta a la luz pública la acción de grupos armados fuera de la ley conocidos como paramilitares, que desde hace cuatro años son activos en Cúcuta y desde 2002 intensificar su accionar con la comunidad.

"Los rumores que corren en la ciudad se hacen efectivos", afirma, y empieza a narrar el estallido de un carro bomba el 5 de marzo de 2003 en el centro Comercial Alejandría "cuyo fin era manifestar el posicionamiento de los grupos paramilitares en el centro de la ciudad a través de una demostración violenta de poder".

¿Y cómo asegura que existe un nexo entre los organismos que imparten justicia en representación del Estado y este grupo armado ilegal? Le pregunto con curiosidad. Y responde que hay muchas maneras de saberlo e inicia el relato con un ejemplo:"Hace dos años en Pueblo Nuevo, cerca al terminal de transportes, en la parte alta de la ciudad, llegó de repente un grupo paramilitar y se instaló abiertamente en la comunidad. Un vecino decidió denunciarlos públicamente ante los organismos correspondientes y al día siguiente los paramilitares hicieron un llamado general, como a eso de las 5 y 30 de la tarde". En este momento el rostro de Natalia se llena de tristeza.

"Los paramilitares mostraron públicamente la copia de la denuncia y llamaron con nombre propio a los responsables. Asesinaron al vecino, a su esposa y a su hijo... Nadie hizo nada, ni en el barrio, ni en la ciudad".

El nexo entre militares y paramilitares es evidente, dice Natalia. Y prosigue:"los grupos paramilitares tienen el control de la ciudad, las fuerzas militares los conocen y los protegen y todos sabemos de ellos. Por ejemplo, tienen una infraestructura organizada, de la que depende gran parte de la ciudad. Vacunan [vacunar significa pedir dinero a cambio de seguridad] a gremios de gasolina, transportes públicos, privados e ilegales o lo que sea. Reclutan estudiantes pagándoles salarios o dándoles vehículos. Hacen lo que llaman ellos "limpieza social" [es decir, eliminan a las personas que consideran improductivas para la sociedad] e incluso organizaron a los denominados pimpineros (vendedores de gasolina) en cooperativas. De antemano conocen el nombre del futuro alcalde, del gobernador y de algunos concejales y diputados, pues aquí todo lo imponen ellos".

Se percibe angustia en el rostro de Natalia, pero ella, comprometida en seguir con su denuncia decide continuar.

"Hay varios bloques o frentes paramilitares rodeando las entradas de la ciudad:Pamplona, la zona de La Parada (frontera con Venezuela) y Villa del Rosario, Puerto Santander, El Zulia y los Patios están controlados. Su poder llega a tanto que hay tergiversación de la información pública, justificación de allanamientos ilegales, persecuciones a líderes comunales, arrasamiento a la protesta y a la libre expresión y hasta datos alterados para no alarmar a la población. Los altos niveles de violencia, las muertes selectivas, los desplazamientos internos e incluso el exilio en el país vecino --a pesar de que a quienes se marchan no se les ha dado el estatus de exiliados-- es el pan nuestro de cada día".

¿Y que hace la gente? -le pregunto con ansiedad. "La resistencia de la gente se ha invisibilizado por el silencio y el terror a la respuesta violenta. Las acciones realizadas por diferentes organizaciones civiles han llevado a señalamientos, incluso varios sindicatos se han acabado, como sucedió con SINMACO (Sindicato de madres comunitarias) e incluso hay más de 10 líderes comunitarios asesinados", afirma Natalia.

La actual administración desarrolla en Cúcuta importantes obras de ingeniería, pavimentación de calles y mejoras en los programas de aseo, pero no ofrece acciones que solucionen el conflicto social; además es notoria la ausencia de asociaciones de derechos humanos diferentes a las manejadas por los entes del Estado, como son la alcaldía, la gobernación, los gremios y las fuerzas militares.

Esto hace parte de los obstáculos que tienen que vencer las asociaciones de derechos humanos, los grupos que lideran acciones por la paz y por supuesto la totalidad de la comunidad, no sólo en Cúcuta, sino a lo largo y ancho del territorio colombiano, pues de uno u otro bando, los diversos sectores armados transgreden las leyes y someten a la población, siendo siempre los sectores pobres y deprimidos los más violentados

Mots-clés

Colombie, Cúcuta

Commentaire

En Colombia, opinar sobre los grupos armados puede ser sinónimo de suicidio, pues nadie garantiza la vida de nadie. Por esta razón, la persona que concedió la entrevista solicitó mantener su nombre en el anonimato. Además, pese a la diferencia de ideologías que manejan paramilitares y guerrilleros se hacen iguales en momento de realizar acciones que atacan directamente a la población civil. Sin embargo, solo se hacen públicas las denuncias de los grupos guerrilleros, pues en extrañas circunstancias se tienden a ocultar o desvanecer los procesos en contra de acciones violentas de paramilitares. Lo anterior no incluye la innumerables denuncias que corroboran los nexos de este grupo con el Estado, del que se asegura los protege y patrocina.

Notes

Ficha realizada en el evento "Asamblea permanente de la sociedad Civil por la Paz", Bogotá, Colombia, 9, 10, 11 octubre de 2003.

Entrevista con Por razones de seguridad quien concedió la entrevista solicitó permanecer en el anonimato y utilizó el seudónimo de Natalia.

Source

Entretien

CINEP (Centro de Investigacion y Educacion Popular) - Carrera 5a n° 33A-08  AA 25916, Santafé de Bogota - COLOMBIA - Tel. (57–1) 245 61 81 - Colombie - www.cinep.org.co - comunicacion (@) cinep.org.co

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