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Derechos laborales de las mujeres de las flores en Bogotá

El documental:imagen e información para la defensa de la vida.

Martha CANTOR

09 / 2003

El documental Amor, mujeres y flores (1989), de la antropóloga colombiana Marta Rodríguez, realizado en los cultivos de la Sabana de Bogotá, da cuenta de la situación de quienes trabajan en las empresas de flores de esta parte de Colombia. El 95% de la mano de obra que trabaja en los invernaderos es femenino y de baja extracción social, no cuenta con una oferta laboral estable sino con contratos de corto plazo (no superiores a cuatro meses en la mayoría de los casos), de modo que pierde el derecho a recibir prestaciones sociales o a conformar sindicatos para defender sus derechos. Los pocos sindicatos existentes son de tipo patronal y difícilmente protegen la condición de las mujeres que durante largas jornadas laborales y con bajos sueldos recolectan la producción de flores.

A finales de los pasados años 60, un norteamericano impulsó el primer cultivo de flores en Colombia, país que hoy es el segundo exportador mundial de ese producto, reconocido por su variedad y calidad. Según la Asociación Colombiana de Floricultores, esta industria genera grandes divisas a la nación y favorece a la población al crear empleos directos con requerimientos mínimos de capacitación y que no son muy exigentes en la edad o sexo de la mano de obra contratada.

Las ventajas de la industria colombiana de flores son de tipo comparativo y competitivo, pues al ser un país intertropical y no tener estaciones se pueden producir durante todo el año sin altos costos tecnológicos. Además, esta industria se desarrolla principalmente en el centro del país (Sabana de Bogotá), lo que significa tener un factor ambiental favorable y que no requiere ningún acondicionamiento climático más allá de la elaboración de sencillos y rudimentarios invernaderos.

Los suelos de la Sabana son muy productivos y se puede disponer de la cantidad de agua necesaria para los cultivos, pues se cuenta con un alto nivel freático (nivel de agua más próximo a la superficie), lo que minimiza los costos. Las ventas y comercialización de flores corresponden a una economía de escala y el negocio se orienta al crecimiento del capital de quien invierte, pero no al bienestar de la comunidad. Por ello, mientras el primero acumula suficientemente, los salarios son muy bajos, lo que genera una alta plusvalía que siempre es mal distribuida. Los municipios donde se producen las flores reciben muy poco por esta explotación monopolizada y privada, que además no es controlada ambientalmente, pues se dice que no hay presupuesto para ello.

Mediante el Plan Vallejo, estrategia creada en 1959 por el gobierno colombiano para estimular la exportación, se favoreció muchísimo a los floricultores al eximirlos del pago de algunos aranceles o impuestos para facilitar su competencia y el posicionamiento en mercados extranjeros. Estos empresarios cuentan hoy con una oficina propia en Miami, que facilita la comercialización mundial. Sin embargo, a pesar de contar con estas ventajas, los floricultores hacen contribuciones mínimas a la comunidad y nunca asumen las consecuencias negativas de la industria, menos los comercializadores, directos beneficiarios.

La comunidad ha visto cómo se sustituyen los cultivos de cereales por los de flores ornamentales de exportación. Y observa el abuso de suelos, las excesivas transformaciones espaciales y modificaciones innecesarias en el paisaje con el ánimo de trazar vías para facilitar el transporte de la producción, aprovechando las condiciones de cercanía al Aeropuerto Internacional El Dorado. Los fungicidas que se utilizan contaminan los terrenos que también se usan en el mantenimiento de ganado, de modo que esa contaminación se traslada a los productos lácteos y a las carnes consumidas por la población.

El cultivo de flores también genera grandes desplazamientos humanos, especialmente de mano de obra campesina que se desplaza a estos lugares con el ánimo de mejorar sus condiciones de vida.

Con las últimas políticas del Estado difícilmente se puede proteger a las trabajadoras y la flexibilización laboral las pone cada vez en mayor riesgo ante el capricho de sus patronos. El personal estable es muy reducido y además el alto uso de fungicidas, tóxicos y contaminantes (algunos prohibidos en otros países) causan el deterioro de la salud de las trabajadoras, quienes en algunos casos y a largo plazo presentan enfermedades terminales como cáncer, dificultades respiratorias, afecciones en la columna o malformaciones y alergias en su cuerpo.

Muchos de los hijos de mujeres que trabajan en estas labores nacen con malformaciones, causadas por el uso de pesticidas de alto poder en los cultivos. Así mismo, los invernaderos en que deben trabajar generan microclimas con temperaturas diferentes a las del ambiente, lo que causa dificultades respiratorias. Numerosas mujeres que trabajan en esta profesión son madres cabeza de familia, madres solteras o menores de edad y proceden de bajos estratos económicos, razón por la cual no cuentan con la protección de sus derechos fundamentales o simplemente los desconocen.

Si las flores son sinónimo de amor, ¿por qué este sentimiento no genera respeto, solidaridad y una situación laboral justa y equitativa por el trabajo de las mujeres que laboran en esta industria? ¡Flores con aroma de trabajo mal pago colombiano!

Mots-clés

Colombie, Sabana de Bogotá

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COMENTARIOS:Las películas y documentales de Martha Rodríguez (quien trabaja desde hace más de 30 años en esta profesión y es considerada como la primera documentalista del país), permiten ver en la producción audiovisual un recurso de registro y memoria de la realidad. Dicho de otra manera, el séptimo arte también es una herramienta para denunciar las condiciones adversas a las que son sometidas las comunidades y a través de estas muestras se puede incidir en los imaginarios colectivos e incluso modificarlos.

Notes

Ficha realizada en el evento « Colombia insiste en los Derechos Humanos », Bogotá, Colombia, 9, 10, 11 septiembre de 2003. Se puede consultar el documental « amor, mujeres y flores » en el centro de documentación del CINEP.

Entrevista con RODRÍGUEZ, Martha

CINEP (Centro de Investigacion y Educacion Popular) - Carrera 5a n° 33A-08  AA 25916, Santafé de Bogota - COLOMBIA - Tel. (57–1) 245 61 81 - Colombie - www.cinep.org.co - comunicacion (@) cinep.org.co

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